14- De reencontrar las memorias perdidas en el tiempo

Publicado: 1 agosto 2011 en Letras
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El único amarillo que me gusta es el amarillo sol untado de sal y calor sobre las calles y el mar de mi hermosa Cartagena. Crédito: http://www.flickr.com Juanpg

Publicación: miércoles 21 de mayo de 2008 a las 6:28 p.m.

Recordar es vivir.

¿O es tan solo pensar en lo que ya sucedió? (solo. hay periodistas que no le ponen tilde ni cuando significa “únicamente”… no me gusta esa clase de adverbios, únicamente, fantásticamente…)

Cuando se tienen veinti tantos años y no se conoce la capital, es mal visto. Ni siquiera es como el cachaco que no conoce el mar; eso se relaciona con la nostalgia de no conocer lo que tanto se ha visto en fotos, una de las bellezas más prodigiosas del mundo. Creo que pueden tildar de pueblerinos a los que no conocen Bogotá.

Llegué hace dos años y parecía perro en ventana de carro cuando iba en el taxi camino a mi nueva casa (si a ese hueco estrato 6 en plena 14 con 79 se le podía llamar casa). Ver todo ese verdor contrastaba con el café de Barranquilla y el azul y el amarrillo de Cartagena.

Mirar por primera vez esos puentes peatonales que parecen las máquinas arácnidas de Matrix y los puentes vehiculares de tres pisos cuando en Cartagena el más largo es el más viejo y no pasa de 100 metros, me fascinó.

Ni hablar de mi fascinación por los parques, el clima, las distancias (que ahora odio)… del otro lado de mis sentimientos está el Transmilenio, la contaminación y los repetidos robos por los que he pasado: con pistola, sin darme cuenta…

Pensar en las perdidas que todos nos metemos porque nos hablan de un lugar que queda en la 68, como si uno supiera diferenciar, a los tres días de estar acá, entre la carrera y la calle 68. Además, una de ellas, la carrera, se vuelve la calle 100.

Claro que es genial cuando vemos todas las nomenclaturas: en cada esquina, una plaquita verde que te indica la calle y la carrera en que vas. Pero, pero… ¡ay! Llega un momento en que vamos en el bus, pendientes de las placas y llegar a lugares como los cercanos al Parque Simón Bolívar donde ya no hay más placas y, sin duda alguna, cuando vuelves a ver una, ya estás perdido.

¡Me encanta la calle 0!

Lo mismo pasa cuando vas en la Novena por allá en Cedritos y luego se vuelve la 30, o la NQS… norte quito sur. ¡Carajo! ¿Qué es ese nombre? Yo la llamo la no sé qué mierdas.

El clima y sus lluvias de lado, donde no importa qué tan grande sea tu carpa (léase paraguas de 5.000 pesos de cuadritos comprado en una esquina en un día soleado, porque si lo compras con el cielo gris y las primeras gotas de agua salpicando tus gafas, te sale en 8.000) porque igual te mojas. La única manera de no empaparte sería estar dentro de una burbuja para poder defenderte de esas agujitas que vienen desde todos lados.

O esos días en que, como buena calentana/o, te vas de camisa manga sisa (sisa. otra palabra que no me gusta) solo con la chaqueta encima y luego hace un frío de los mil demonios, cuando son las 4 de la tarde y parecen las 6. O viceversa: sales a las 8 de la mañana con el cuello tortuga y la chaqueta que parece un sofá (inflada y de peluche) y a las 10… sol resplandeciente barranquillero que te deja el cachete rojo.

Sé que los cachacos no entienden estas cosas. Ellos se mantienen con su chaqueta de cuero bajo el sol más inclemente, en el bus, con las ventanas cerradas, la condensación cual Titanic y el olor a mico. Pero, pero… ¡ay! No se sientan en la silla que se acaba de desocupar porque les da hemorroides, les da “abrojito” o yo no sé qué. Yo pienso: en días fríos, mejor que me dejen el asiento calientito… Me imaginé a más de uno haciendo wuácala.

Y ni hablar del otro lado de la opinión, cuando uno se vuelve un poco rolo (solo un poco) y empieza a no soportar que le digan a Bogotá “la nevera”, que las mujeres se pongan chancletas tres puntadas con la uña fucsia o que los hombres anden en bermudas de dril beige.

La gritería. No la soporto. Yo, con el galillo imitado por mrs. Nieto en el colegio, no me aguanto ir en un bus y que el combo de cuatro costeños de visita tenga semejante bulla. O estar en un lugar cerrado de techo bajo, con tres tipos hablando de viejas a grito herido. Lo siento, ya no lo aguanto.

Estar acá es de las mejores cosas que he podido vivir. Esta ciudad te hace crecer a las patadas, a ver las cosas de manera diferente, ya sea con complejidad o con simpleza. Te hace trabajar para comer y no trabajar para la hoja de vida.

A mí me hizo empezar a tratar de usted a aquellos que no conozco mucho y, como trabajo entrevistando gente, intento pronunciar la s como s y no como j en casos como “conoJco”, “eJtamos”… “miJ abueloJ”. Ahorro tiempo, no me preguntan dos y tres veces qué dije. Claro que hay que tener en cuenta que yo hablo mal no por ser costeña, sino… por problemas de dicción y vocalización.

Acá la gente me recibió bien y nunca he tenido problemas por ser de la costa en medio de una maraña cachaca en ninguno de los tres trabajos que he tenido.

Me gusta esta ciudad, de hecho, me enamoré de ella.

De aquí no me quiero ir. Pero pensar en la simple apertura de una posibilidad de partir me puso a pensar en todas estas cosas. En estas cualidades y defectos que me hacen enamorar, una y otra vez, de Bogotá.

Eso sí, “coJteña” seré hasta que muera, así me digan que parezco cachaca hasta que abro la boca o me río y muestro el pómulo costeño. Extraño la comida rápida de Barranquilla y la playa de Cartagena, así los que cocinen la primera no se laven las manos y una revolcada en la segunda te deje con arena negra en lo más profundo del vestido de baño.

Así son todas las urbes, con sus cosas buenas y malas, pero al final, uno termina adaptándose a aquella ciudad que te permite “ser”, con todo el significado filosófico y coloquial que pueda tener.

Bogotá sería perfecta con una playa detrás de los cerros para quitar de mi piel la tonalidad “única e irrepetible” (como decía cierto profesor mío) del rosado apio.

5 comentarios:

Pepe Caracas dijo…

Hermanita me reí bastante con este post. Que puedo decir… de acuerdo con todo y las mismas vivencias y pues bueno hemos hablado mucho de lo bueno (aun en aquellos tiempos cuando vivíamos en Cedritos y nos parábamos a las 5am o antes para dar clases de ingles en el otro extremo de la ciudad) y criticado de las cosas mamonas y pues burlado de algunas de las payasadas cachacas.
Yo estaba enamorado de Bogotá antes de venir y no me defraudó sino que me abrió sus brazos. De Barranquilla extraño mi gente, el chuzo desgranado de pollo de One Way, los fritos de Frito Express y pues broncearme bien rico, pero en tanditas de 15 días no mas la cosa porque a pesar de que le tengo cariño a la ciudad, esta no es para mi.
Así que como todo es cuestión de sentirse uno cómodo con su ambiente, que no solo es el físico, sino el que uno se hace y ser consiente de las cosas buenas y malas de cada lugar. Yo por mi parte hago esto y trato de ser objetivo a la hora de emitir juicios y ser “embajador” de “mis tierras” y orgullosamente me declaro (como fui nombrado hace poco por una compañera en mi nuevo trabajo) un CARAQUILLOTANO!!

Saludos a todos los que leen este blog que tanto le insistí a Lau de arrancar y que continuara dejando sus pensamientos a través de su medio favorito: la escritura.
De igual forma los invito a visitar mi página Web acerca de Bogota (que aun esta en periodo de prueba) y que busca dar a conocer más de esta ciudad y de sus elementos y particularidades a la gente de habla inglesa afuera o dentro del país.
http://www.bogota-2600.com

27 de mayo de 2008 09:11 

Trasnochos dijo…

Baby, este es el mejor comentario que he leído. Te fluye la escritura, nada que hacer, te expresas mejor. Nos favorece eso de escribir más que eso tan común de hablar.
Ni mencionar lo parecidos que somos en cuanto al pensar de una y otra tierra, de nacer en una ciudad, criarse en otra y trabajar en aquella más distinta.
Y de todas nos vamos enamorando, con sus cosas buenas y sus cosas malas, de los aguaceros a las 6 de la mañana camino a dar clases de inglés, o con el sol resplandeciente del medio día cuando vamos a almorzar ahora que tebemos trabajos un poco menos “domicilieros”.
¿Sabes que extraño aparte de la comina? La ida al gym a las 5 de la mañana… ¡¡es que madrugar acá es de lo peor!!
¿Caraquillotano? a esa persona que inventó este sobrenombre, por favor, preséntamela.

29 de mayo de 2008 21:04 

Pepe Caracas dijo…

cariñoooo gracias! q divi tu comment!
Tu sabes q siempre me ha gustado escribir (supongo que por eso de dejar huella de los pensamientos de uno, sobretodo cuando uno habla tanto como yo, jeje) y pues ahí tratando con el blog, el cuento es q a mi es cuando me llega la inspiración, no como tu que tienes la skill pues. Si, si aquellos tiempos… aunque te cuento que llevo 3 días levantándome a las 5:30 para ir al gym!, jeje pero vamos a ver cuanto dura. Unos besos!😉

29 de mayo de 2008 21:25 

AlejandroAngel dijo…

es lo bueno que tiene salir de la tierrita…

abrir mente, explorar nuevas vivencias, entender que el mundo no se acaba en buenavista y la quinta y que hay cosas más importantes en la vida…

aprovecha la experiencia,

17 de julio de 2008 07:19 

Alfred Cohen dijo…

bacano… sigue caminando y escribiendo… suerte…

15 de agosto de 2008 05:52 

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