15 – De la parafernalia de los matrimonios en cada cultura

Publicado: 1 agosto 2011 en Letras
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Mi novia favorita siempre será una que esté muerta... del susto. Crédito: http://www.flickr.com/ - yeyo pepe

Publicación: martes 24 de junio de 2008 a las 7:11 p.m.

Conversaciones casuales al calor de una cerveza… al clima:
– ¿Te casas?
– Sí, me caso.
– ¿¿CÓMO ASÍ??
– Ay, pero no me grites, ¿cuál es el agite?, ni que fuera contigo.
– Pues… eh, no sé. No sabía.
– Chiviado.

Pensando en esas cosas de tradición y cultura, caí en cuenta del vestido de novia. Se me antoja llamarlo disfraz de novia. ¿O acaso alguna se lo vuelve a poner? No. Ninguna.

¿Alguna vez las colombianas salen con velo en la cara? No.

Y ni hablar de la cola de 5 metros, ni de la falda tipo pudín a punta de malín que produce una piquiña insoportable en las piernas.

La recepción del matrimonio es como una fiesta de disfraces donde la única disfrazada es la novia. Pero qué linda se ve. Los estilistas, el maquillador y la diseñadora del disfraz le dicen una y otra vez que ella es la protagonista de la fiesta, que nadie puede verse más linda que ella. Pero, ¿qué puede hacer aquella pobrecita, poco favorecida por la naturaleza, para no verse opacada frente a la amiga divina del colegio que se fue de rojo con escote profundo o por la hermana que se parece a Monica Belucci? Pues, ponerse un disfraz bien llamativo.

La fiesta no se queda atrás. Otra tradición, otro rito tan válido como la danza de los indios al cielo para que llueva en épocas de sequía. Que si el vals, el brindis, la quitada de la liga, la tirada del ramo… todas esas cosas no son más que rituales de cada cultura.

Leyendo en Internet, mi única herramienta de investigación mientras estoy en el trabajo, vi algunos datos que me parecieron interesantes. Tan interesantes como verán los africanos que yo tire mi ramo de flores de espaldas a las solteras de mi fiesta, a ver quién lo agarra, ya que la “suertuda” será la próxima en casarse.

Unos se casan cortándose las manos y uniendo su sangre.

Hay otros por ahí que celebran montados en una silla que sus amigos suben sobre sus hombros.

En la India las mujeres se pintan con henna, simbolizando el amor… ¿qué amor? Me pregunto, si muchas no han visto ni una vez al tipo con el que van a contraer nupcias.

En China se visten de rojo… así que no es tan escandaloso que no me case de pulcro blanco. Además, ¿a quién voy a engañar?

Los hebreos no se casan los sábados y en la ceremonia besan los libros sagrados.

Los musulmanes celebran durante días y los hombres están de juerga por un lado y las mujeres por el otro.

En Italia rompen una copa en pedazos, cuyo número significa los años que estará junta la pareja.

Algunos esquimales son tan buenos anfitriones que, cuando llega un visitante, le ofrece la mujer durante una noche… así, como una taza de café.

En Nueva Guinea, algunos grupos prefieren que los hombres tengan relaciones homosexuales antes del matrimonio. Sólo relaciones heterosexuales al dar el sí.

Los Sakalaves de Madagascar ven como “nada que ver” que la mujer llegue virgen al matrimonio y, además, es mal visto ser “solamente” heterosexual.

Parafernalia es, según la RAE, conjunto de usos habituales en determinados actos o ceremonias, y de objetos que en ellos se emplean. Pero si me ponía a hablar, en serio, de la parafernalia del matrimonio de cada cultura, esta entrada hubiera sido interminable y, tal como lo hablé con el chiquito y la enana, si se escribe mucho, te leen poco.

– ¿Y por qué te casas?
– Para coger juicio.
– Ah no, ese ya está perdido.

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