21 – De bajos sueldos y desilusiones

Publicado: 3 agosto 2011 en Letras
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Publicación: martes 2 de junio de 2009 a las 6:55 p.m.

He aquí algo que me encontré que, dependiendo de la posición ($$$) en que se esté, se verá con un aire de consuelo o de anhelo… otros, más guturales, simplemente sentirán piedra.

Un comunicador social gana en promedio $1’391.117 con el diploma de pregrado y $2’597.326 si ha estudiado alguna clase de posgrado.

Me pregunto, ¿cómo están repartidos los profesionales en este tipo de encuestas si, al sacar el promedio de quienes ganan más (digamos, unos 10 millones de pesos, cuando sabemos que hay quienes superan esa cifra) y los que ganan menos de un millón, da como sueldo esos míseros números que acabo de escribir?

Estos datos los leí en Portafolio; ya sabía que las cifras eran duras, pero no me imaginé que tanto. La fuente es el Observatorio Laboral para la Educación, del Ministerio de Educación, pero no pude ver las estadísticas de primera mano, porque la página del Observatorio nunca me mostró el estudio.

La tabla, copiada de la página web de ese diario, es así:

No he vivido en otro país, pero me cuentan que se puede ganar mucho más en naciones desarrolladas. Sin embargo, hay fenómenos similares en otras latitudes. Por ejemplo, en España, a donde muchos viajan esperando encontrar un futuro mejor.

Allá, desde hace unos tres o cuatro años, se habla del “mileurista”, un neologismo que tiene su origen en mil euros.

Sin hacer la conversión (porque el poder adquisitivo de ambas monedas es bien diferente, pero allá se gasta mucho más que acá), la cosa es igual de triste. Si ganarse dos millones de pesos en Colombia con un diploma de pregrado no nos gusta, imagínense lo que es recibir de salario mil euros con idiomas, maestrías y experiencia laboral.

El diario español El País los describe así:

“Pertenecen a la generación más preparada de la historia de España. Rondan la treintena, son universitarios y saben idiomas. Pero los bajos sueldos, la sobreabundancia de titulados y los cambios sociales les han impedido llegar a donde pensaban llegar. Comparten piso; no tienen coche, ni casa, ni hijos y ya se han dado cuenta de que el futuro no estaba donde creían”.

No me gusta el pesimismo, no me gusta el optimismo… pero termino con esta frase, de Louis Chauvel, sociólogo francés y profesor de ciencias políticas: “los pobres del siglo XIX y principios del XX (los obreros sin cualificación, los agricultores o los ancianos) pertenecen a una sociedad que desaparece. Y los nuevos pobres de hoy en día son los jóvenes”.

¿Será verdad?

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