Mi hija, la nieta de Germán Duperret, se llamará Violeta

Publicado: 16 septiembre 2011 en Letras
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Yo soy roja y necesito un hombre azul. Nunca he querido hijos. He explicado en este blog lo que siento acerca de la maternidad. De hecho, pueden leer esta vieja entrada al respecto: “De abortos, embarazos y otras cosas de mujeres“.

En medio de todas las contrariedades que tengo en mi cabeza, empecé a leer el libro Violeta, de Florence Thomas, una feminista que escribe, entre otras cosas, su columna en El Tiempo. De hecho, es de las columnistas más comentadas y, en su mayoría, recibe insultos provenientes de mujeres.

Ya lo he dicho, soy roja, y leyendo Violeta me puse a pensar que, quizás, necesito un hombre azul. No un “príncipe”, ni mucho menos.

Solo quiero recomendar este libro para que las mujeres entiendan por qué hoy estamos dónde estamos, así no nos ganemos el mismo sueldo de un hombre, a pesar de tener una hoja de vida similar o mejor. Es un libro hermoso donde Thomas, con 2 hijos varones, inventa una hija para contarle la lucha de la mujer, su sentir y su historia.

“Violeta es entonces el nombre de la hija que me inventé y la llamé así porque el color violeta es un color complejo y sencillo a la vez. Es el resultante de una igual proporción de rojo y de azul, de la fuerza impulsiva del rojo y del infinito azul celeste. Es un color de equilibrio entre la tierra y el cielo, los sentidos y el espíritu, la pasión y la inteligencia, el amor y la sabiduría. Violeta es también el color del alba, del nacimiento, de la liberación. Violeta es el color de la utopía y consecuentemente de las feministas. Violeta es el color de todas las que creen que otro mundo mejor es posible. Violeta es el color de todas las mujeres del mundo que no se sienten cómodas en este universo de hombres. Violeta es el color de esta revolución inacabada de las mujeres”. (Fragmento de Violeta, página 20-21, Editora Aguilar)

Así, ya que yo no pude ser Violeta sino una repetida y orgullosa Laura, mi hija es Violeta. Y si es hombre, se jodió, se llamará Germán, como mi padre, mi hombre favorito.

Antes de terminar, una cita de Cioran: “Si prefiero las mujeres a los hombres es porque ellas tienen la ventaja de ser más desequilibradas, es decir, más complicadas, más perspicaces y más cínicas, por no hablar de esta misteriosa superioridad que confiere una esclavitud milenaria”.

Y para que piensen cómo eran las cosas, no mucho tiempo atrás: “Suponer que la mujer pueda sentir placer sexual es una vil calumnia”, dijo Acton, un médico contemporáneo de Freud.

(Las citas también me las dijo Violeta).

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