Una novelita lumpen

Publicado: 31 enero 2012 en Libros y películas
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Hace rato tenía la intención de empezar a escribir sobre los libros que leo y las películas que veo… Bueno, quizás escriba de todos los libros, pero no de todas las películas, pues hay muchas de estas últimas con las que pierdo el tiempo a sabiendas que no me dejarán nada útil.

 

Esta es la edición que leí y me costó, si mal no recuerdo, más de 50.000 pesos. ¡Ouch!

El primero de noviembre me leí “Una novelita lumpen”, nombre que aun no entiendo. La novela, escrita por Roberto Bolaño, fue el primer regalo de cumpleaños que me dio otra persona, pero que yo pagué con mi dinero. Es decir, CA, mientras hablábamos por Skype en días cercanos a mi cumpleaños, me dijo:

–          Te regalo “Una novelita lumpen”.
–          ¿Qué?
–          Sí, te regalo el título de una novela. Cómprala. Yo no te la puedo dar pues estoy en Argentina y tú en Bogotá.
–          Mmm, ok, gracias.

No es nada raro ese tipo de conversaciones con CA. Ya me he acostumbrado a ellas. Así, “Una novelita lumpen” fue uno de los seis libros que me compré antes de venir a Canadá.

Como dije antes, me lo leí el primero de noviembre y, en lo particular, prefiero los libros gordos, con muchas páginas, que me duren, al menos, una semana. De eso me di cuenta cuando estaba en el colegio, por allá en octavo grado, y me leí “En nombre de la rosa”. Fue el primer libro largo que cayó en mis manos y, cuando lo cerré, me entró una terrible nostalgia, casi que tristeza, de saber que no pasaría más mis horas acompañada de Adso de Melk.

“Una novelita lumpen” no estuvo en mis manos más que unas contadas horas, pues es muy corto. Sin embargo, no lo devoré con rapidez solo por su breve número de páginas sino porque, de verdad, me atrapó.

“Ahora soy una madre y también una mujer casa, pero no hace mucho fui una delincuente”. Esa es la primera oración del libro y, simplemente, me cautivó. No puedo decir que todos -pues solo puedo hablar por mí y por ciertas personas con auras mixtas que me han rodeado-, pero creo que varios lectores de este tipo de obras quisieran, en el fondo, ser delincuentes. Experimentar lo que es vivir al margen de la ley, así sea por un corto lapso de tiempo.

Con “este tipo de obras” me refiero a aquellas que, más que describir espacios, personas e historias entrelazadas, describen cómo sus protagonistas ven y sienten la vida. Con crudeza, sin diplomacia.

Bianca, la narradora, y su hermano, han quedado huérfanos mientras son adolescentes. Con el pasar de los días y la falta de dinero, deciden dejar el colegio y se involucran con otros dos jóvenes, ciegos por las ganas de “cambiar su suerte”.

“…y me ponía a pensar en el significado de la frase <<cambiar nuestra suerte>>, una frase que para mí no tenía ningún significado, por más vueltas que le diera, porque la suerte no se puede cambiar, o existe o no existe, y si existe no hay manera de cambiarla, y si no existe somos como pájaros en una tormenta de arena, sólo que no nos damos cuenta…”

Y ese impulso de “cambiar su suerte” los termina metiendo, a los cuatro chicos, en una historia que ni ellos mismos se creen y que más temprano que tarde quisieran olvidar.

La primera mitad del libro se va en una prosa oscura, fácil de leer, con frases que te llegan al alma. A mí me llegaron al alma, quizás, porque lo leí en un momento de mi vida en que estaba baja de ánimo -por llamarlo de alguna manera- porque mi papá había muerto unos meses antes. También me llegó al alma porque la narradora es mujer y cuenta la historia en primera persona. Cuando leo libros en primera persona me conecto más; mejor aún si la narradora es una mujer un poco descarada.

La segunda mitad del libro da rienda suelta a una historia macabra, llena de machismo, sexo, encierro, temor, poder, desasosiego, mentiras; desde ahí, ya no está clara la línea que diferencia el bien y el mal.

Me pregunto si esa línea se presenta siempre nítida ante nuestros ojos.

Y lo que más gocé, aparte que la narración es parecida a cómo los pensamientos nos atropellan la mente, es que estaba escrito con cinismo, sin culpas, de la voz de la mujer que sufría todo. Bueno, en realidad no “lo sufría todo”, más bien solo lo experimentaba.

“Fuera como fuera, por aquellos días yo intuía que me estaba acercando de manera inexorable al territorio de la delincuencia y esa cercanía me mareaba, me emborrachaba, dormía mal, tenía sueños donde nada significaba nada, sueños sin ataduras donde yo tenía el valor de hacer lo que quería, aunque las cosas que hacía en los sueños no eran precisamente las cosas que hubiera hecho en la vida real, las cosas que me apetecía hacer en la vida real”.

Bianca no anda con tapujos. Describe las cosas tal y como las siente. Y habla de una alegría que, creo yo, ahora sí, todos hemos experimentado:

“…porque esa alegría no la quiero para mí. Es una alegría que se parece demasiado a la mendicidad, a una explosión de mendicidad, y también es una alegría que se parece a la crueldad, a la indiferencia”.

Bianca está encerrada al lado de un viejo ciego y desagradable con el cual se acuesta con el objetivo de esperar algún descuido de su parte para robarle; está llena de temor de que él descubra su verdadero interés y la torture, la viole, la maltrate o, en el mejor de los casos, la mate. Ahí piensa:

“En esa época soñaba mucho y olvidaba con rapidez casi todos los sueños. Mi vida en realidad era como un sueño. A veces me asomaba a una ventana cualquiera de la casa de Maciste y me ponía a pensar en los sueños y en la vida, que era como ponerme a pensar en mis sueños que olvidaba con tanta prontitud y en mi propia vida que parecía un sueño, y no llegaba a ninguna parte, nada se aclaraba en el interior de mi cabeza, pero el solo hecho de hacerlo, de pensar en los sueños y en la vida, aligeraba de un peso incierto mi corazón o lo que yo llamaba mi corazón, el corazón de una delincuente, de una persona sin escrúpulos o con unos escrúpulos tan distorsionados que me costaba reconocer como míos”.

Yo he tenido épocas así, en que la vida está como en pausa, en donde no recuerdo los sueños por más que intente, donde los escrúpulos flotan en la moral y en la ética de otro, no en las mías. Tiempos en que podría alegrarme del sufrimiento y de la desgracia de otros. En que, simplemente, me desconozco.

¿Qué le pasó a Bianca? Le pasó la vida. Como a todos.

Bueno, se me olvidó decir que no iba a escribir propiamente del libro, sino de la manera en que yo viví la lectura del mismo. Lo mismo pasará cuando escriba de las películas.

Nota – Sobre la ignorancia:
Lumpen viene de lumpemproletariado que, según la RAE, se define como: capa social más baja y sin conciencia de clase. Lo acabo de googlear.

comentarios
  1. arley dice:

    Oye, me gusto la forma como interpretaste la novela, aunque no comparto algunas apreciaciones que hiciste.
    Te quiero pedir que me hagas un regalo, el título de una novela que me recomendarías.

    • duperret dice:

      Gracias por tus palabras. Pues, regalarte un título sin saber tu gusto es complicado. Una obra maestra para mí es Plataforma, de Michel Houellebecq. Pero es criticada por estar algo “fuera de tono”, algo racista… en fin, a mí me gustó mucho, lo que no quiere decir que esté de acuerdo con lo que ahí se lee, solo que me parece cruda y ese tipo de lecturas me gustan. Y bueno, te regalo otro título un poco más fresco, lleno de suspenso y, quizás, fantasía (no a lo Señor de los anillos): Marina, de Carlos Ruiz Zafón. Me cuentas si te leíste alguna de las dos y si te gustó el regalo.

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