La saga Millennium

Publicado: 23 febrero 2012 en Libros y películas
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Escrito el 14 de febrero en una tarde nublada, en mi habitación sin internet.

El primero de enero comencé a leer la trilogía de Stieg Larsson, Millennium, y terminé el tercer libro el 31 de enero. En un mes devoré más de 2.000 páginas y si no estuviera estudiando de 8 de la mañana a 4 de la tarde, lo más probable es que me las habría comido en la mitad del tiempo.

Leía en el metro, antes de acostarme, al despertar los fines de semana. Más de una vez, tal como me dijo mi hermana Silvana, deseé ser Lisbeth Salander, la antiheroína sueca de la historia.

¿Por qué? Porque, aparte de tener grandes habilidades informáticas (toda una hacker, la mejor del mundo), está perturbada, es violenta y tiene una línea clara entre su “yo” y los “demás”. También porque ella, lacónica y rancia, tiene su propia moral, su propia ética, sus propios conceptos de lo correcto y lo incorrecto. Ella no quiere agradar a nadie, solo quiere que la dejen vivir.

Una de sus frases célebres en Millenium 1 es: “Quizá te gustaría saber que yo también tengo un principio; y mi propia comisión ética. Yo lo llamo ‘El principio de Salander’. Según él, un cabrón es siempre un cabrón; y si puedo hacerle daño descubriendo sus mierdas, es que entonces lo tiene bien merecido. Sólo le pago con la misma moneda”.

En una de esos días de lectura comedida, al regresar de la escuela de francés, iba leyendo la primera parte, “Los hombres que no amaban a las mujeres” en el metro y me percaté que un tipo bastante guapo, más o menos de mi edad, con cara de psicólogo, tenía en sus manos el mismo libro en francés. Me sorprendió que un hombre leyera una novela negra atravesada por un feminismo crítico.

Asimismo me sorprendió un día que puse en Twitter:

He terminado la saga “Millennium” que empecé a leer el 1 de enero y solo puedo concluir que odio que S. Larsson haya muerto prematuramente

y @Ericsamael (¡un hombre!) me respondió: esos libros no dejan trabajar.

Lo cierto es que los tres libros deberían llamarse como el primero: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, porque en cada una de las historias se siente la misoginia y el machismo de esta época. En el pasado (no tan lejano), las mujeres no podían votar, y estaban destinadas a parir, cocinar y limpiar la casa; hoy no es así, pero sin duda alguna, la mayoría de las veces, muchas personas prefieren
un contador hombre
un médico hombre
un abogado hombre
un policía hombre.

Y más allá de eso, no falta el imbécil que, al ver llegar a una mujer a realizar la labor de esas profesiones y de otras más, suspiran profundo o, incluso, piden que la cambien por una persona de sexo masculino.

Ni hablar de la violencia de género o de las violaciones. Algunos hombres, no sé si muchos o pocos, creen que les pertenecemos. En la segunda parte de la obra describen una realidad de Colombia y, al parecer, de Suecia también.

Refiriéndose a una situación vivida por una investigadora privada que antes había sido policía:

“Tan solo le había dado un arrebato de furia en una ocasión, cuando la patrulla en la que trabajaba, por tercera vez en el mismo número de días, tuvo que acudir a una casa de Hagersten después de que la misma mujer llamara a la policía pidiendo socorro a gritos porque su marido la estaba maltratando. Y, al igual que en las dos primeras ocasiones, la situación se calmó antes de que la patrulla llegara.

“Cumpliendo con su rutina, sacaron al marido hasta las escaleras mientras le tomaban la declaración a la mujer. No, ella no quería poner una denuncia. No, había sido un error. No, su marido era bueno… en realidad la culpa la tenía ella. Ella lo había provocado…”

Iba a publicar un párrafo largo como resumen de cada una de las partes, pero creo que los aburriría (si quieren el resumen escríbanme y se los envío al correo electrónico). Sin embargo, bastará con decir que me encantaron los títulos:

“Los hombres que no amaban a las mujeres”
“La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”
“La reina en el palacio de las corrientes de aire”

Y también mencionar algunas palabras o frases, en orden alfabético, que creo que resumen la obra en su totalidad:

Asesinatos
Citas bíblicas
Complots de alto rango
Conspiración
Espionaje
Falsas identidades
Guerra de poderes
Misoginia
Perversiones sexuales
Prostitución
Sadomasoquismo
Trampas financieras
Venganza
Violencia

Ya me había visto las películas, una detrás de la otra (literalmente, me las vi en junio del año pasado de una sentada) y, la verdad, a pesar de saber cómo terminaba todo, mi curiosidad y mis ganas de leer más y más nunca acabaron. Les recomiendo las películas; pero si les gusta leer, compren/alquilen los libros. Están llenos de detalles que no tuvieron cabida en las películas (por ejemplo, Ericka Berger, la amante de Blomkvist practicaba sadomasoquismo y otras cosas “kinky” y, al entrar a trabajar a uno de los periódicos más grandes de Suecia, es amenazada e intimidada por un colega, que termina siendo un resentido ex compañero de colegio que ella no recuerda). Larsson es un mago del suspenso: no puedes soltar el verraco libro. No puedes. Además, cada tomo está dividido por partes y, al inicio de cada parte, hay ciertas citas históricas y estadísticas sobre la mujer que te dejan sin aliento. Algunas:

Millenium 1
“En Suecia el trece por ciento de las mujeres han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera del ámbito de sus relaciones sexuales”.

“En Suecia el noventa y dos por ciento de las mujeres que han sufrido abusos sexuales en la última agresión no lo han denunciado a la policía”.

Millenium 3
“Se estima que fueron seiscientas las mujeres que combatieron en la guerra civil norteamericana. Se alistaron disfrazadas de hombres. Ahí Hollywood, por lo que a ellas respecta, ha ignorado todo un episodio de la historia cultural. ¿Es acaso un argumento demasiado complicado desde un punto de vista ideológico? A los libros de historia siempre les ha resultado difícil hablar de las mujeres que no respetan la frontera que existe entre los sexos. Y en ningún otro momento esa frontera es tan nítida como cuando se trata de la guerra y del empleo de las armas”.

“Una ley irlandesa del año 697 prohíbe que las mujeres sean militares, lo que da a entender que, antes de ese año, las mujeres fueron militares. Los pueblos que en distintos momentos de la historia han tenido mujeres soldados son, entre otros, los árabes, los bereberes, los kurdos, los rajputas, los chinos, los filipinos, los maoríes, los papúas, los aborígenes australianos y los micronesios, así como los indios americanos.
Hay una rica flora de leyendas sobre las temibles guerreras de la Grecia antigua: historias que hablan de mujeres que, desde su más tierna infancia, fueron entrenadas en el arte de la guerra y el manejo de la armas, así como adiestradas para soportar toda clase de sufrimientos físicos. Vivían separadas de los hombres y se fueron a la guerra con sus propios regimientos. Los relatos contienen a menudo pasajes en los que se insinúa que vencieron a los hombres en el campo de batalla. Las amazonas son mencionadas en la literatura griega en obras como la Ilíada de Homero, escrita más de setecientos años antes de Cristo”.

“En el siglo I antes de Cristo, el historiador Diodoro de Sicilia (considerado por otros historiadores como fuente poco fiable) describió a unas amazonas que vivían en Libia, nombre con el que se conocía en la época a la zona del África del norte que quedaba al oeste de Egipto. Ese imperio de amazonas era una ginecocracia, lo cual quiere decir que solamente las mujeres podían ocupar cargos públicos, incluidos los militares. Cuenta la leyenda que aquel territorio fue gobernado por una reina llamada Myrina que, acompañada de treinta mil mujeres soldados de infantería y tres mil de caballería, arrasó Egipto y Siria y llegó hasta el mar Egeo venciendo a un buen número de ejércitos de hombres que salieron al paso. Cuando la reina Myrina fue finalmente derrotada en la batalla su ejército se dispersó.
(Más adelante:)
Rechazaban el matrimonio por considerarlo una sumisión. Para procrear se les concedía un permiso durante el cual se acostaban con una serie de hombres elegidos al azar y de pueblos cercanos. Solo la mujer que había matado a un hombre en la batalla tenía derecho a perder la virginidad”.

“A pesar de la rica flora de leyendas que circula sobre las amazonas de la Grecia antigua, de América del sur, de África y de otros lugares, tan solo existe un único ejemplo histórico de mujeres guerreras que esté documentado. Se trata del ejército del pueblo fon, en Dahomey, al oeste de África, la actual Benín.
Estas mujeres guerreras nunca han sido mencionadas en la historia militar oficial. Tampoco se ha rodado ninguna película romántica sobre ellas, y si hoy en día aparecen en algún lugar lo hacen, como mucho, en forma de históricas y borradas notas a pie de página.
(Más adelante, retomando el tema del ejército de mujeres del pueblo fon:)
Se desconoce cuántas de esas guerreras cayeron en el campo de batalla. Durante varios años las supervivientes continuaron haciendo su particular guerrilla y algunas veteranas de ese ejército fueron entrevistadas y fotografiadas en una década tan reciente como la de los años cuarenta”.

Esta trilogía no es como otras en que, normalmente, la favorita, la mejor, es la primera. No. Es más bien como “Kill Bill” de Quentin Tarantino, una película dividida en dos; en esta ocasión, en tres.

De Larsson
El autor murió de manera repentina, de un ataque al corazón, a los 50 años. Según mi vasta investigación en internet (léase Wikipedia; hoy no tengo tiempo de más), el tipo nunca publicó los tres libros que conocemos y los escribió por placer al regresar del trabajo. Y no solo eso, ya llevaba más de la mitad de la cuarta parte y, al parecer, había sinopsis de la quinta y la sexta parte. He ahí la explicación de mi twit.

Terminando…
Gracias a Silvy por sus excelentes recomendaciones. Los libros que me sugiere me ayudan a salir de la realidad. Me hacen soñar como niña.

Esta entrada terminé de escribir pensando en Pepe y en DV. El primero, sé que terminará viéndose las películas, pero el remake estadounidense, que empieza con “The girl with the dragon tattoo” o “La chica del dragon tatuado”. La segunda, se reirá de mi afán de mencionarla en cuanta cosa escribo sobre el feminismo y la inacabada lucha pacífica de las mujeres.

Quiero ir a Suecia.

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