Métele picante a la vida

Publicado: 23 marzo 2013 en Imágenes, Letras
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Yo nunca había sembrado nada en la vida, literalmente hablando… Metafóricamente, podría decirse que tampoco.

Pero, bueno, por allá hace como 24 años hice lo que todos hemos hecho: poner un fríjol en algodón. Eso no cuenta. No había tierra.

En fin. Estoy dispersa. Esta es una entrada bien “random”. No tiene objetivo alguno, solo escribir sobre mi experiencia sembrando jalapeños para luego asesinarlos y salvar algunos mientras mi mamá me decía por Skype cómo hacerlo.

Hace como un mes me regalaron una potera pequeña. Esa persona me dijo algo como que en toda casa debía haber una mata. Yo me reí y me dije “ya veremos”. Ese día fui con el “obsequiador de poteras” a comer “pho” (se pronuncia “fo” y me da mucha risa; es una sopa típica de Vietnam con fideos de arroz  y verduras) y nos dieron jalapeños y decidimos sembrarlos. Uno rojo y uno verde.   Él dizque tiene un jardín en la casa de los papás, por eso le creí cuando me dijo que metiera los dos jalapeños directamente en la tierra porque la cáscara los alimentaría… falso. Mi mamá que es una experta en plantas se rió.

 

Y después de 20 días se asomaron unas maticas lindas.

¡Por fin se asomaron unas maticas lindas!

 

A los 10 días de ver que no pasaba nada urgué  la tierra y ahí estaban los dos jalapeños muy tiesos y muy majos como si nada. Algo húmedos pero la cáscara cerrada completamente. Sin pensarlo mucho (recuerden que es la primera vez que siembro algo) rasgué los pimientos, saqué las semillas y las puse en el centro de mi potera. 10 días después de la disección empezaron a salir unas ramitas y sentí una alegría extraña. Obvio, no es como tener un gato ronroneándote al lado, pero sonreía como pendeja.

Hoy, cuatro días después, había unas ramitas muy débiles creciendo unas al lado de las otras, pues con toda la astucia que me caracteriza, había puesto todas las semillas juntas.

 

Es como el pelo de Fido Dido

Es como el pelo de Fido Dido

 

Porque ella no es solo la loca de los gatos sino de las matas también, le escribí a mi mamá por Whatsapp contándole que mis jalapeños estaban creciendo; ella entendería mi felicidad. Obvio, enviada de foto inmediata. Al verla me escribió “espera que llegue a la casa y nos conectamos por Skype para mostrarte cómo sembrar eso bien, carajo… están todas muy juntas y no te va a crecer ninguna”.

Efectivamente llegó y nos conectamos y a falta de herramientas me dijo que cogiera un cuchillo o una cuchara y abriera huequitos en la arena. En cada huequito debía haber una ramita. Eso no me pareció bien, es asesinar a las demás ramitas; pero ella me explicó que si no lo hacía, empezaría la lucha por la supervivencia y ninguna crecería fuerte.

 

Escena del crímen

Escena del crímen

 

Me tocó coger la cuchara y sacar todas mis maticas, abrir los huequitos. Al final decidimos (bueno, decidió ella; yo le hice caso a mi mamá porque soy muy obediente) meter de a dos por huequito por si no crece una, pues crece la otra. Espero haber tenido buena suerte y tener ajicitos rojos y verdes. Duré hablando con mi mamá mientras hacía mis labores de jardinería como una hora y fue maravilloso; la tecnología podrá alejar a los que tienes cerca pero en mi caso, los que están lejos son los que más me importan y gracias a Whatsapp y Skype los siento más cerca. ¿Cuándo en la vida pensé hacer jardinería y mostrárselo a mi mamá en vivo y en directo para que me guiara en el proceso? ¡Jamás!

 

Así quedaron, finalmente

Así quedaron, finalmente

 

Me sentí feliz. Tener plantas en casa, al parecer, sí es algo que se debe hacer. Cuando vi las primeras ramitas saliendo entendí por qué mi mamá cuando está estresada o malgeniada se va a regar o a “jugar” con sus matas y regresa más tranquila.

Desde que sembré los jalapeños, todos los días me levantaba a echarle ojo a mi potera y me sentía frustrada porque no salía nada. Cuando por fin vi algo saliendo fue como “¡ja! Yo te sembré; existes por mí”. Ahora, al levantarme, lo tercero que hago (después de tomar agua y orinar) es ir a ver qué tanto han crecido mis maticas.

Apéndice
Estoy muy feliz porque Colombia le zampó 5 a Bolivia. Sí, ya sé que los amargados dirán que Bolivia apesta pero así es el fútbol: no todos son grandes contrincantes y si hay que meterle 5 a una selección que está en los últimos escalones de la tabla de posiciones, pues se le zampan 5 y se celebra con baile, a lo Armero. No sé cuál gol me gustó más, si el de Teo o el de Armero. Lo que sí estoy segura que me gusta es Pékerman. Ah, también sé lo que no me gusta: no verme el partido porque tuve clase de reposición el viernes. Eso sí, la gente se portó bien y me enteraba de los goles ahí mismo los metían. El martes no iré a clase porque sí me voy a ver el partido contra Venezuela, esa vinotinto que me saca la piedra porque nos ha hecho unas ¡que nunca le voy a perdonar! Y sí, ya no es la Cenicienta de Suramérica, pero está de quinta y no nos va a amargar esta fecha.

 

comentarios
  1. luzbelicajn dice:

    Me causo mucha ternura y gracia tu texto. puesto que alguna vez me paso algo similar ¡¡¡¡ q hermoso es ver el fruto de lo cosechado. Saludos.

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