Etiquetado: cartagena

Te tengo que contar que tuve unas vacaciones bien trabajadas

Con una humedad indescriptible, aquí trabajamos durante un mes... apenas salí, se me quitó el brote de la cara

Con una humedad indescriptible, aquí trabajamos durante un mes… apenas salí, se me quitó el brote de la cara

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Bien ¿y tú?

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          No te puedo negar que estoy cansada; no, la palabra es agotada. ¿A quién quiero engañar? Estoy MA MA DA.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Pues al principio tenía temor. Es un equipo muy grande, con gente de Bogotá y Cartagena y por años hemos sabido que no se llevan muy bien… Me habían advertido que había muchas mujeres (tú sabes que terminan alineándose los 28 días) o que fuera consciente de que yo no tenía NI IDEA a lo que me estaba enfrentando.

Me fui un fin de semana con MR y mi mamá al Cabo de la Vela; era uno de mis sueños. A eso vine, a vacacionar... nunca pensé que terminaría trabajando. Por eso yo no planeo, yo me dejo llevar y decido dónde me planto. Y me planto, y me planto donde me siento feliz.

Me fui un fin de semana con MR y mi mamá al Cabo de la Vela; era uno de mis sueños. A eso vine, a vacacionar… nunca pensé que terminaría trabajando. Por eso yo no planeo, yo me dejo llevar y decido dónde me planto. Y me planto, y me planto donde me siento feliz.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          ¡Yo ni sé cómo terminé ahí! Sabes que me vine muy relajada a pasar dos meses de vacaciones después de haber terminado materias de la maestría… tenía pasaje para el 28 de febrero; yo sé que tú pensabas que era mucho tiempo pero ajá. Me reencuentro después de, no sé, 15 años con JR y vamos a comer a Sabores y me daña la cabeza un jueves, el viernes ya estaba en entrevista con la que fue mi jefa y el lunes ya estaba trabajando desde la casa. El primer mes, como fue puro seguimiento a los directores (que si vas a venir, que mándame la foto, que qué días te damos hospedaje, que cuántos pesos te damos por tu moneda) fue bastante smooth, sencillo. Pero desde el 17 de febrero empecé a trabajar desde la sede ahí al lado del Museo Naval y cada día llegaba más gente y tú sabes cómo me ponen los gentíos. Pero nada, me terminó gustando.

Ahí, sentadas en un sofá disfrutando la inauguración de Sabores, JR me embaucó. ¡Gracias!

Ahí, sentadas en un sofá disfrutando la inauguración de Sabores, JR me embaucó. ¡Gracias!

Yo vine a tomar fotos de este estilo para ponerlas en FB y arder a todos los que dejé en Montreal.

Yo vine a tomar fotos de este estilo para ponerlas en FB y arder a todos los que dejé en Montreal.

Sí, esta clase de fotos, donde se ve el calor y la belleza de mi país

Sí, esta clase de fotos, donde se ve el calor y la belleza de mi país

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Después de hacer seguimiento empieza el proceso de acreditación, de saber cuántos vienen por peli, de pedirles fotos y cargos, de ver quiénes van como invitados y quiénes deben pagar; cuando ya más o menos se sabe qué directores vienen, toca armar las grillas de alimentación, que no se cruce con sus estrenos o proyecciones, en el caso de los directores, y que no coman muy seguido en el mismo sitio, en el caso de los jurados. Un trabajo de filigrana como decía mi jefa que al principio era divertido pero luego se convirtió en todo un maldita sea.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          ¿Fácil? Bueno, sí, contártelo ahora así de relajada mientras me tomo un Milo de desayuno puede sonar casual, pero poner a comer a unas 80 personas sin que repitan, sin que se cruce el horario con otros eventos que ellos tengan, sin que me hagan falta dos o tres cupos para cuadrar la cena o el almuerzo… ah, sí, porque no es que compremos los cupos, son patrocinio, entonces te podrás imaginar el rompecabezas… Y claro, uno no los puede obligar, luego los directores no van porque prefieren estar con los que ya conocen, con los que están en su hotel, irse a las Islas, y toca llamar al restaurante a cancelar, y el administrador se emputa. ¡Maravilloso!

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Mis “niños” eran los directores de cortos, cine colombiano y documental. 32 en total. Gente divina, por la cual hice todo lo posible por tenerla feliz. Hacerles sus agendas fue de las cosas más dispendiosas, pero bueno, se logró… no había de otra. O se hacía o se hacía.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Me quedaron muchas cosas… a pesar de que nuestra oficina quedó en una especie de búnker, sin señal de celular, sin teléfono fijo, sin internet, nunca se me olvidará que fui, más que todo, bombero: apagando incendios por todos lados. Que entre miércoles y viernes dormí unas 8 horas y no fui a las fiestas de inauguración ni de Caracol pero ¡coño!, yo no tengo tanta energía, y si tenía que estar apagando incendios con cara de ponqué, tenía que dormir… si no, se iba a salir la Laura que todos conocen y así no se puede trabajar en una oficina de invitados.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Yo no me voy a hacer la intelectual. Me quedé porque venía Clive. Sí. Claro, también tengo que admitir que después de casi tres años de no tener experiencia laboral en absolutamente nada por estar de inmigrante y estudiando a tiempo completo, no me caía nada mal trabajar en lo mío, en lo que me gusta, en un festival que es mundialmente conocido.

Cuando le mandé esta foto a mi hermanita me dice por WhatsApp: "eche, métele zoom a esa vaina"

Cuando le mandé esta foto a mi hermanita me dice por WhatsApp: “eche, métele zoom a esa vaina”

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Sí, yo sé, soy una hueva. Sabes que en el fondo soy tímida, y aunque tuve a Clive al lado y hablamos de fútbol y de que estaba preocupado porque se iba al día siguiente y no quería perderse el clásico Liverpool-Manchester, y luego nos fuimos a rumbear, pues nunca fui capaz de pedirle una foto, así, juntitos, como las selfies… Ni modo, nadie me quita lo baila’o.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Recuerdo haberme tenido que enfrentar a personas que llegaban con “¿tú no sabes quién soy yo?” y yo como “uhm, pues no, pero si me dices qué quieres y tu nombre, te puedo ayudar”. Otros llegaban con “¿quieres que llame a Salvo?” y yo “pero ¡POR FAVOR! De verdad me ayudarías mucho”. Me miraban como un culo y obvio, no regresaban. Recuerdo también que Ciro llegó con cierta actitud de “siempre me acreditan”, pero no importa, yo lo perdono porque me ha dado la película colombiana más hermosa en los últimos tiempos, “Los viajes del viento”. Recuerdo haber hecho reír a Diego (que tiene los ojos claros y vive en México como mi ex), que es más bien tímido, cuando dijo que tendría que prostituirse un poco en Hollywood para tener una “casita como esta”, refiriéndose a la sede del AECID (donde estaba la oficina de invitados), que cuenta con más de 9.000 metros cuadrados y fue construida por allá en 1500 y le dije que era su decisión hacer películas con Lindsay Lohan encuera. Cómo olvidar que a César Mora no lo tenían acreditado (y no tenía que acreditarlo yo, ojo) y le hablé y le dije que volviera luego; lo hizo, se llevó sus acreditaciones y no lo vi más. Pero el día de la clausura yo estaba en la puerta, con pinta de loca (pelo para atrás, mostrando con orgullo tu frente) y él llegó y me hizo señal con la mano a frente, como de militar, como burlándose del poder que yo tenía en ese momento; le hice ademán de que siguiera y me dijo que yo había sido una princesa, que lo atendí muy bien. Y yo por dentro solo pensaba que él era Cascarita y que cuando era niña me hizo reír. Y vi, a unos 80 centímetros a Ramiro Meneses, ese actor que siempre me ha encantado por hacer cosas tan diametralmente opuestas tipo Vuelo Secreto y Rodrigo D… lo vi a lo lejos porque fue su hermosa esposa la que vino a buscar sus acreditaciones. ¡Rayos!

¿Qué tal esta belleza? Soy de aquí, pero soy la más turista de todas tomándole foto a todo.

¿Qué tal esta belleza? Soy de aquí, pero soy la más turista de todas tomándole foto a todo.

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          ¡Sí! Es la primera vez que trabajaba en mi ciudad. Y fue espectacular. Cuando caminé por las calles del Centro buscando los restaurantes donde alimentaríamos a los invitados y vi grafitis, colores, olores, no podía creer que había tantas cosas que me he perdido por no vivir aquí.

Una imagen dice más que mil palabras

Una imagen dice más que mil palabras

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          La magia está en que todos los que trabajamos ahí amamos el cine o amamos lo que hacemos… o ambas. No hay otra manera de que un evento de tal tamaño se lleve a cabo en paz. Y al decir en paz no quiero decir “tranquilamente”, porque tranquilo no es. La magia está en mi equipo, DC y MT fueron pacientes y éramos eso, un equipo. La magia está en que fue como un sueño, como mi tatuaje: “Is all that we see or seem but a dream within a dream?”

–          (Sollozo de las olas del mar)

–          Nada, que te extraño… que quisiera que hubieras estado aquí de cuerpo presente y verte la cara de orgullo que te caracterizaba cuando yo hacía las cosas bien.

La Heroica

La Heroica

No veo la hora de irme a enamorar, de nuevo, de mi hermosa Cartagena

Yo quería esta foto inmensa para regalársela a mi mamá. No solo es una hermosa imagen de Cartagena, sino que la tomó uno de mis mejores amigos, Sebastián Moreno. Miren más de sus fotos en http://instagram.com/seabasmoreno

Yo quería esta foto inmensa para regalársela a mi mamá. No solo es una hermosa imagen de Cartagena, sino que la tomó uno de mis mejores amigos, Sebastián Moreno. Miren más de sus fotos en http://instagram.com/seabasmoreno

Yo no soy de las que cuenta los días para el cumpleaños… pero sí los cuento para irme de vacaciones a Cartagena. También cuento los días para la libertad, pues el 17 de diciembre tengo mi último examen de la maestría y en mayo me habré graduado de McGill.

Me siento cansada y no veo la hora de cerrar los libros académicos y dedicarme a leer lo que me dé la gana, así sea Twilight. No veo la hora de recoger la maleta que me prestará mi amiga KC para llenarla de la ropa que mi mamá me tiene que arreglar porque nunca recuperé los kilos que perdí. Claro, también va medio llena de regalitos para mi mami y mis hermanitas, mis hermosas Lauras.

Pero más exactamente, no veo la hora de estar en Cartagena, quejándome
del calor
del tráfico
de la pitadera
de la falta de vías y el exceso de turistas
del mar de leva que llega hasta la San Martín
de las alcantarillas desbordadas cuando llueve
del pelo que se me pone como una tusa y saca el león en mí
del bozo (¿boso?) sudado
de los piropos espantosos y plebes que le echan a mis hermanas y a mi mamá cuando salgo con ellas (yo ando muy blanca y flaca para gustarles a los cartageneros)
de las colas interminables en el Carulla de la Cuarta (en particular cuando voy a comprar la leche y me pongo en la cola de “10 productos máximo” pero la gente es tan desconsiderada que se pone ahí con el mercado de dos meses y la cajera no dice nada)
de manejar a la defensiva y pitar cuando paso por una calle donde yo tengo la vía pero el que tiene el Pare pasa como perro por su casa
de cambiar de desodorante cada semana para evitar el olor a mico
de las playas horribles y sucias pero igual ir a broncearme
de los buseteros con su “esparring” gritando el destino (como si uno no supiera leer)
de los vendedores ambulantes de la playa que quieren venderme de todo a precio de extranjera
de las masajistas en la misma playa tocándome sin permiso
de mi mamá regañándome porque no debo fumar en la casa
y de mi mamá otra vez porque no me deja prender el aire acondicionado cada vez que yo quiero!!!

Pero más feliz que’l putas al lado de mis Lauras en esa ciudad que me vio crecer… en esa ciudad a la que fuimos a parar porque mi papá así lo decidió. A esa ciudad que me hace decir con orgullo que soy Cartaquillera.

Claro, también estoy feliz porque voy a ver a mi pocas amigas, la mayoría de ellas paridas, que espero no anden diciendo a mis espaldas que ando solterona y perdida por la vida, porque yo me encontré hace rato y las encontré a ellas en mi camino y las amo con locura. Y las que no están paridas son mis compinches y tampoco veo la hora de sentarnos a quejarnos de todo y de todos.

Sí, señoras y señores, me quejo, that’s my thing, pero allá me quedo por dos meses y no veo la hora de asomarme por la puerta del avión y sentir la humedad como aliento cálido de perro en mi cara y decir, “carajo, por fin llegué”.

Bueno, regreso a mis estudios…

Contando los días para estar "free as a bird"

Contando los días para estar “free as a bird”