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Born on the 18th, Canadian citizen on the 18th – Es en español

Empecé a escribir esta entrada el pasado miércoles, 18 de octubre, el día en que me hice (por fin) canadiense. Quería pulir la entrada y aquí está el resultado.

Con los zapatos rojos y la falda de autorretrato.

 

I feel so many things today. All of them come to my mind in English.

No pues, la canadiese…

But the truth is I have never felt comfortable writing in English. I am not that smart in English.

Muchas veces me siento Sofía Vergara en Modern Family. Gloria es un hit.

Ayer dormí profundamente. Claro, me zampé 0.5 de alprazolam. Me quería levantar a las siete a desayunar, hacerme el pelo y tales, y nada. Me levanté a las ocho a arreglarme en bola e’ peo. A las 8:30 estaría el Uber en la casa con Jose (mi primo hermano). Mari, tú tenías que estar aquí, te extrañé mucho.

Mari es la enana con la que trabajé por allá en 2007 en La República. Ella vivió tres años aquí conmigo. Se fue hace un mes. Y ella, más que nadie, vivió mi aventura en hacerme canadiense. Las cosas buenas, las malas, las normales.

Me maquillé y menos mal que soy bendecida y afortunada (pero sin viejo gordo, como dice mi hermana Silvana) en el sentido en que me acuesto con el pelo mojado y amanezco lista para la foto. Me puse mis zapatos rojos y la falda de auto-retrato y nos fuimos.

Llegamos a las 10 porque la “notice to appear” decía a las 10:15 am. Pues no. Que abrirían puertas a las 10:30. Ah, vámonos a Timmis. Cannot get any more Canadian than that.

Ay, no, pues, ya se le olvidó el español.

Más canadiense que esta foto es la misma foto, pero viendo hockey.

I realized something was changing in my life cuando llegué a la mesa de registro y vi un bowl con las tarjetas de residencia permanente. El proceso es llegar, hacer fila con documentos de identidad y la “notice to appear” y te toca dejar tu tarjeta de residente permanente. Bueno, al menos dejé la nueva, donde me veía fea. La primera, la del 2011, me veo cool con el pelo corto.

Sí, ella es bien superficial.

Hoy no ando con ánimo de crónicas. Fue un día maravilloso. Punto. Pero hoy pensaba muchas cosas. Pensaba en lo dura –y rancia– que soy. Even conmigo misma. Por ejemplo, antes, cuando escuchaba que felicitaban a alguien por lograr la ciudadanía me decía “bueno, pero ¿por qué lo/la felicitan? Ni que hubiera ido a la universidad y se hubiera graduado o hubiera parido un hijo”.

Ella es un tantico cínica.

No recuerdo que ser canadiense fuera un sueño. Otro ✔ en mi lista. Tenía cule afán antes de irme a Europa porque quería viajar como canadiense, pero realmente solo he tenido una o dos malas experiencias viajando… y una de ellas fue en Colombia. Siempre pensé en el pasaporte azul como en el fin de esta travesía. Como que haberme venido para acá y haberme gastado mis ahorros (más bien la plata de mi papá) en inmigrar merecía que al menos me quedara hasta tener el pasaporte azul.

Sentada en mi silla 13 durante la ceremonia pensé lo que siempre he pensado. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué me tienen que felicitar por hacerme ciudadana? Aquí en Canadá he trabajado fuerte y honestamente, pero hubiera hecho lo mismo en Colombia. Aquí he pagado impuestos, pero también los hubiera pagado en Colombia. Aquí me he endeudado para estudiar, pero lo mismo hubiera hecho en Colombia. Aquí he pasado malos momentos, pero seguro también hubiera tenido malas rachas (y las tuve) en Colombia.

Pero no. Luego de ver la reacción de mis amigos y conocidos en Facebook al compartir las fotos de la ceremonia de ciudadanía me dije a mí misma que debía dejarme querer. Que debía dejarme felicitar. Que sí hay cosas que uno hace de manera diferente al inmigrar. Que así yo me pase por la vida con ese slogan de “no me debo quejar de las cosas que son mi decisión”, como por ejemplo, quejarme del frío cuando yo decidí venirme a Canadá, hoy es día de dejarse felicitar.

Uno deja su familia, su comida, sus amigos, su idioma, su clima, su caos, su sociedad, su cultura. Uno deja todo a lo que está acostumbrado, bueno o malo. Y sí, fue mi decisión, pero hubo días muy, muy duros, en los que lloré encerrada en el sótano donde vivía en Montreal, sin quejarme ni hablar con nadie, “porque nadie me obligó a venirme a Canadá”. Ese era mi mecanismo de defensa, porque nunca quiero sentirme ni mostrarme vulnerable.

Ella siempre se las quiere picar de la fuerte.

Uno pasa por momentos de baja autoestima porque siente que no se tiene lo que se requiere para buscar y encontrar trabajo; uno sufre porque hay cargos a los que a ojo cerrado aplicaría en mi tierra natal sabiendo que tendría chance, pero aquí no, porque el inglés es mi segundo idioma y no escribo tan pulido como en español. Esto no es muy lejano y aún todavía me pasa.

Hay veces que uno solo necesita ese alguien de su red de contactos que crea en uno, que le dé la mano para una entrevista, como hizo Fernando Quijano conmigo con Mediática. Siempre querré a ese man, digan lo que digan de él. Los contactos que uno tiene un su país natal no se igualan a los que uno tiene cuando inmigra. Bueno, ese es mi caso. Por un lado, no soy muy buena en networking y por otro, he vivido en dos ciudades en menos de ocho años.

Sentada en mi silla 13 durante la ceremonia me di cuenta que había gente sola, pues pedían a otros que estábamos ahí que les tomáramos las fotos mientras pasaban al frente al recibir su certificado. Yo tuve tres invitados, a Jose (mi hermano del alma), a Victoria (una rusa-canadiense que trabaja conmigo) y a Sandy (una mujer espectacular que después de haber voluntariado toda la vida, consiguió su primer trabajo en los Panamericanos a sus más de 60 años). Gracias a ellos por no dejarme sola ese día, porque así mi amor gringo me dijera “it’s alright if you go alone, you are a strong bitch and you were born alone”, yo no quería ir sola. Yo no quería pedirle a desconocidos que me tomaran fotos.

Hoy es un día importante para mí y me celebro. Por eso me compré unas cervecitas y escucho una de las tantas listas latinas de Spotify.

Gracias a la gente que me llamó a darme su amor desde Colombia, como Mauricio, mi tía Myriam, Adri Peña y Marisol. Gracias también a la gente que me llamó desde aquí, como mis hermanas de otra madre, las chicas Agudelo.

Por cierto, las Lauras no me llamaron. Supongo que por ser familiares mías también son bien rancias y aunque se alegran, no creen que tengan que llamarme a darme amor. Deben pensar igual que yo, ¿cuál es el show? ¿Por qué la felicitan? Me escribieron cosas muy lindas por Facebook, llenas de emojis y corazones, y Fernanda (la negra) publicó una foto mía en su muro con unas palabras muy hermosas, llenas de amor, sin duda alguna. Mi papá sí hubiera llamado a felicitarme… bien temprano. Ese me hubiera levantado con su llamada a las seis de la mañana. Papi, te extraño.

Gracias a todos aquellos que se tomaron el tiempito de escribirme por FB, por Instagram, por Whatsapp a decirme cosas bacanas. De verdad el día se sintió especial, de celebración, por todos aquellos que de una forma u otra aparecieron.

Gracias, totales.

 

Más de Sofía Vergara como Gloria en Modern Family:

No, señores, yo no tengo la cabeza caliente…

Mi favorita!

 

Más sobre esta travesía de hacerme ciudadana que empezó en octubre del año pasado:
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 1)
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 2)
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 3)

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Parece que ya soy ciudadana… (Parte 3)

*El examen para la ciudadanía canadiense es fácil. 15 preguntas. Saqué 14 de 15 -ayyyyy, qué bollona-. Realmente lo que hay que hacer es leer el manual que Inmigración Canadá (IRCC de ahora en adelante) indica. Pero mi inconveniente fue que duré más de seis meses en Colombia. He aquí la historia.

 

Discover Canada

Obvio, el manual es gratis y de ahí salen las pregunticas del citizenship test. Este pantallazo es de http://www.cic.gc.ca/english/resources/publications/discover/index.asp

Ese día en que hice el examen dormí poco pero me levanté bien. Aunque amo dormir (y flojear) me he dado cuenta que si en vez de dormir ocho y nueve horas diarias duermo seis me levanto mucho más lúcida -esto no quiere decir que esté durmiendo seis horas diarias…

El timeline fue algo así: El 7 de octubre de 2016 mando la aplicación; a la semana me lo devuelven porque olvidé responder una de las preguntas (una completa estupidez de la que hablé en la Parte 1 de esta travesía por conseguir la ciudadanía canadiense). Mando el paquete de nuevo unos días después y en menos de un mes me llega un email que dice:

“This is to acknowledge receipt of your application for Canadian Citizenship. Immigration, Refugees and Citizenship Canada (IRCC) will review your application and supporting documents and will contact you if additional information is required. When your application has been reviewed and has met basic eligibility, IRCC will invite you to a knowledge test, interview and/or ceremony, as applicable.”

En ese email te dicen clarititico que todo lo que debes saber lo encuentras en una guía/manual que está disponible online, en PDF, audio libro o en formato papel. ¿Un hit, no?

A principios de enero recibí la carta invitándome al examen y se me aguó el ojo y demás; de eso también en la Parte 1 (léala si no la ha leído, de verdad que es hasta divertida).

Mi examen fue el 6 de febrero. Era en Mississauga, que en transporte público es como a hora y media de mi casa, pero en esos días aún tenía novio (ya no tengo; me terminó hace unos días diciéndome, entre lágrimas, cosas como “te amo and shit, pero así llevemos solo cuatro meses saliendo yo sé que tú estás 90% segura de no tener hijos y la verdad ya tengo 37 años y no quiero perder el tiempo porque para mí tener hijos es lo más importante”)**. Ese man de verdad es de esa belleza de manes que te cocina, te lava los platos, no para bolas cuando quieres joder… y además te lleva a donde quieras… y bueno, me llevó hasta allá.

Me senté y me llamaron a la sala a la hora empunto. Para dejarte entrar un agente ve tu tarjeta de residente permanente y la carta de invitación al examen; luego te hace tomar asiento y explica que los familiares no pueden sentarse juntos.

Me pareció muy interesante ver que casi todos los de la oficina eran inmigrantes. Y eso no los hacía más amables. La que explicaba el examen dijo:

“No me llenen esta casilla. El que me llene esta casilla de una pierde el examen porque uno de los requisitos es hablar inglés y si usted llena esta casilla es porque, evidentemente, usted no habla inglés”.

Qué linda ella.

Nos dieron el librito, 15 preguntas… la cagué en la única pregunta que tenía opción de Ninguna de las anteriores. Quise poner Ninguna de las anteriores, pero me dio como cosita, entonces cogí otra opción. Error. Si te suena que es Ninguna de las anteriores, sigue tu corazonada porque en efecto es Ninguna de las anteriores.

Las preguntas son súper fáciles, tipo “diga si Canadá es una dictadura” o “si el Primer Ministro se llama Carlos López”. Todas opción múltiple. De verdad que con solo leer la guía van bien. Si quieren ser nerdos como yo, pueden además practicar en este link: citizenshipcounts.ca/quiz

Apenas terminas te mandan de nuevo a la sala de espera y luego van llamando en orden de quien termina el examen. Yo fui como la tercera. Eso es la famosa entrevista, que no es nada. La verdad solo te preguntan tres pendejadas para ver tu nivel de inglés o francés, pues debes demostrar que te defiendes en cualquiera de las dos lenguas oficiales de Canadá.

“Laura, has estado más de seis meses en Colombia” y yo “no”. “Sí, Laura, mira la calculadora de presencia en Canadá que tú misma hiciste”. “Ah, sí, estuve más de 180 días, pero no seguidos”. “Sí, Laura, lee bien, cumulativos. No importa que no hayan sido seguidos”. “Ahhhhhhhh”, dije como una imbécil. “Pon tus iniciales aquí para demostrar que entendiste lo que te dije”.

Me dieron una carta donde decían que debo proveer un certificado policial por haber estado en Colombia más de 180 días cumulativos. Pero no un certificado policial expedido por el Consulado de Colombia, que cuesta menos de 10 dólares y te lo dan en menos de una semana. No. IRCC pide un certificado policial expedido únicamente por dos empresas que ellos te indican en su página web. La carta me informaba que debía enviar por correo (a la oficina donde hice el examen) el bendito certificado junto con la carta que me estaban dando en ese momento. Me daban 30 días.

Empieza el peo.

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Aquí saliendo de la oficina de IRCC el día de examen… haciendo jetas para variar.

Correos con las empresas que salen en la página web van y vienen mientras les pregunto que cómo pago, que si me mandan el certificado, que cómo es la vaina. Long story short no se pudo: la orden que da la Embajada de Canadá a ambas empresas es que dichos certificados policiales deben ser enviados única y exclusivamente a la Embajada en Bogotá. O sea, el cliente, bajo ninguna circunstancia, debe tocar ese papel. Sí, no confían mucho en nosotros. No los juzgo; esa es la fama que tenemos.

Tocó contactar a IRCC. Como trabajo para un Miembro del Parlamento, sé lo que sus oficinas pueden hacer. Ese es mi trabajo: contactar oficinas federales cuando la persona no puede solucionar el problema o requieren más información -en otra entrada explicaré eso.

Le dije a mi colega que llamara a IRCC y contara todo el asunto, y el agente le dijo que yo mandara una carta explicando la situación y que preguntara cómo podía solucionar… pero ahí no terminó la cosa. El agente sugirió que como pasé apenas como tres o cinco días más de los 180, podía pedir que me perdonaran ese requisito del certificado judicial.

Dicho y hecho. Aún no recibo respuesta, pero como mencioné en otra entrada,  la carta la recibieron, pero eso no importa. Lo que importa es que en el sistema sale que la aplicación está aprobada. Hay una fecha para darle el último vistazo y pronto deberé recibir la carta invitándome a la ceremonia.

Llevo 15 días esperando.

**PS 1: Nunca he soñado con tener hijos. Nunca los he querido, pero al menos ya no siento animadversión hacia la idea de tenerlos. Sin embargo creo que, por más machista que suene esto (en términos de no tomar mi decisión independientemente, como mujer dueña de mi cuerpo y de mi vida), no he conocido al hombre al que yo le quiera parir una hija (sí, hija que se llamaría Violeta). A veces siento que el querer ser mamá se me podría desarrollar al lado de un man que yo sienta que es father material. Sin embargo me desvela más pensar que no encontraré a un compañero de vida que imaginarme que no encontraré al padre de mi hija (divorciado y con hijos sería un súper combo, ¿no?). Pero la verdad es que hace mucho nada me quita el sueño. Más sobre mimisma y la idea de ser mamá:
De abortos, embarazos y otras cosas de mujeres
Mi hija, la nieta de Germán Duperret, se llamará Violeta

***PS 2: Mi papá hoy cumple seis años de no estar conmigo… Miento, conmigo está. Cumple seis años de estar en otra dimensión, criticándome y gozándome a lo lejos. Te amo, papi.

 

Las otras dos entradas sobre el tema y la última, cuando por fin me hice canadiense:
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 1)
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 2)
Born on the 18th, Canadian citizen on the 18th – Es en español