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Día 12 en Montreal

8:15 de la noche del 3 de octubre de 2011 es cuando empieza el show del Cirque du Soleil, “Michael Jackson The Inmortal”, para mí.

Empiezan a sonar fragmentos de varias canciones como “Remember the time” y “I’ll be there” (de los Jackson Five) mientras a mí se me paran todos los pelos; estaba erizada de pies a cabeza y tenía unas ganas de llorar inexplicables. No sé si de la emoción o de la tristeza de no poder compartir esta experiencia con nadie.

Las palabras se quedan cortas para describir lo que vi; es magnífico cómo estos artistas pasan de canciones suaves a otras más movidas, con lo que uno, a su vez, pasa de la nostalgia a la manía, de tener mirada tierna a moverse sin control. Mientras saltaban, bailaban, yo solo pensaba que esa gente parecía de caucho, sin articulaciones y que todos estaban conectados entre sí.

No saqué la cámara. Como les dije en la entrada de ayer, está prohibido. Sin embargo (y si no estoy mal era gringo), el man que tenía sentado a mi lado tuvo en la mano su iPhone durante toda la presentación y con cuidado, tapando la pantalla con un papel, grababa de vez en cuando algunos videítos. ¡Qué bueno confirmar que los colombianos no somos los únicos en romper las reglas!

En el Cirque du Soleil hay espacio para todos: hay personas de todas las nacionalidades y razas. Me impresionó ver a un niño sin una pierna. ¡Y cómo se movía con sus dos muletas! De verdad que pude notar que no extrañaba mucho su extremidad inferior.

A mí siempre me han gustado las acrobacias aéreas. De hecho, lo que recuerdo de una de las películas viejas de Batman es cuando Robin está haciendo piruetas en el aire en un circo. Me parece peligroso, atrevido… Es como tentar al destino, a la muerte. Un accidente puede ser fatal. El peligro nos coquetea y es lo que da emoción muchas veces. En fin, mientras veía a esas personas en los arneses flotando de un lado a otro, yo solo pensaba que la próxima vez pagaría 50 dólares más y me iría a la ubicación más costosa, con tal de ver a los acróbatas por encima de mi cabeza, no a lo lejos, como me tocó en mi pajarera.

Ahí estaba yo, en el Nivel Club (azul), sección 212 de la fila E. Lo que está iluminado son 9 sillas. Yo estaba en la silla 5.

“Blame it on the boogie” sonó con su Don’t blame it on sunshine, don’t blame it on moonlight, don’t blame it on good times, blame it on the boogie, que a muchos latinos nos recuerda a Luis Miguel y su “Será que no me amas”: No culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia, sera que no me amas.

El Centre Bell, donde vi el show, está muy bien construido y ves todo desde donde estés. Las pantallas son inmensas y pasaban imágenes de MJ en su niñez y juventud, con esos gestos fuertes en la cara que lo identifican, como cuando cantaba “Beat it” y “Bad”. Todas estas imágenes y los números iban intercalados con palabras que había dicho el Rey de Pop sobre la niñez, la tierra, la discriminación. Mezclaban a la perfección música y la suavidad de su voz cuando hablaba.

“Dangerous” llegó a mis oídos mientras una artista hacía una especie de “pole dancing”, es decir, trepada en un tubo hacía de todo, y vi la abierta de piernas más absurda de mi vida: las piernas cogían hacia arriba y hacían un V no tan cerrada. En el video que pongo al final la pueden ver.

Ah, el magnífico Thriller. Nada predecible. Fuerte, sentido, todos vestidos de blanco haciendo los bailes de esta canción. En el video también pueden ver parte de esto.

Durante el performance de “You’re not alone” (toda una danza en el aire en pro del amor), me quedé quieta, con la cabeza inclinada hacia un lado, y me llené de “un-no-sé-qué” cuando pasaron una estrofa y el coro en español.

Magia.
Luz.
Niñez.
Sensibilidad.
Alegría.

Este show toca fibras, esas fibras que crees que no tienes o que están dormidas. Es como si todo tu cuerpo estuviera hecho de cuerdas de arpa y las rasgaran todas al tiempo.

De nuevo, no puedo explicar con palabras lo que sentí cuando tocaron “Beat it” con dos mujeres en los instrumentos, una en una guitarra eléctrica y la otra en un violín eléctrico. Puro rock en sus ropas, en sus caras y en sus melodías. Este espectáculo era para todos los fans de MJ, desde los más “poperos” hasta los más rockeros; de hecho, a una silla de distancia, había un tipo con candado, extensiones en las orejas y todo tatuado. Por sus aplausos y gritos de porrista machorra (por lo grave de la voz), puedo concluir que le encantó el espectáculo.

Y cuando hicieron “Bad” hubo dos zapatos negros de charol gigantes, con sus medias blancas, donde estaban metidos dos artistas que hicieron bailar a los zapatos. No puedo describir esto, tienen que verlo.

Luego, cuando hicieron los números de “Scream” y “They don’t care about us” casi me salgo de la silla porque el sonido y la fuerza me obligaban a manifestarme. Muy poca gente se movía en sus sillas; al fin y al cabo son de Montreal, no son costeños.

Unas pantallas negras mostraron una de las citas más representativas de MJ:

In a world filled with anger, we must still dare to comfort. In a world filled with hate, we must still dare to hope. In a world filled with despair, we must still dare to dream. In a world filled with distrust, we must still dare to believe.”

Traducción libre: “En un mundo lleno de ira, debemos atrevernos a consolar. En un mundo lleno de odio, debemos atrevernos a no perder la esperanza. En un mundo lleno de desesperación, debemos atrevernos a soñar. En un mundo lleno de desconfianza, debemos atrevernos a creer”.

Con un aire electrónico trataron las presentaciones de “Can you feel it” y “Don’t stop ‘til you get enough”; toda una fiesta seguida de “Billie Jean”, “Black or White” y un cierre majestuoso con “Man in the mirror”, a las 10 y 15, tras dos horas exactas de felicidad musical.

A las 4 y 30 de la tarde, cuando termino de escribir esta entrada, recuerdo un pensamiento, un sueño reprimido, que tuve latente, ahí detrás de mi mente todo el tiempo que vi la presentación: yo quiero ser cirquera del Cirque du Soleil.


En otras noticias y siguiendo con #30cosasqueextraño:
Escribo esto con calor, con la ventana abierta y todo. Hoy extrañé un abanico (como decimos los costeños). Acá no muchas casas tienen ventiladores de techo y bueno, en mi caso, estoy recién llegada y no puedo estar comprando todo lo que se me antoja. Pero ya verán, cuando llegue el verano compraré mi abanico Sanyo.

Día 11 en Montreal – Cirque du Soleil

Siempre hay cosas que uno piensa que nunca va a ver. No porque uno sea negativo, sino porque algunas veces pensamos que no estaremos en el sitio indicado, no tendremos los recursos o, simplemente, tendremos otras prioridades.

Esto fue lo que escribí mientras esperaba en el Centre Bell que iniciara el show del Cirque du Soleil Michael Jackson The Inmortal:

Necesito un iPhone o, mejor aún, un iPad. Estaría escribiendo directamente en el blog y no en un cuadernito con mi letra horrible.

Las monjas del Eucarístico, colegio donde estudié 3 años, estarían atacadas viendo mi hermosa caligrafía.

Estoy en el Centre Bell esperando “mi primera vez” frente al Cirque du Soleil. No pudo ser mejor la ocasión, ¡pues es de Michael Jackson! (Si quieren comprender mis signos de admiración, pueden leer 25 – De las últimas imágenes de Michael Jackson… y su muerte).

Esta construcción es la sede del equipo de hockey “Canadiens de Montréal” y es inmensa. Pueden caber hasta 20.000 personas. Yo estoy bien arriba, en lo que en Bogotá llamaba “la pajarera” cuando iba al Coliseo El Campín. Bueno, hay como 8 filas por encima de mí.

Foto rápida; me daba miedo sacar la cámara porque está prohibido tomar fotos al espectáculo.

Habría tomado más fotos, pero no es permitido. ¡Y no revisan los bolsos en la entrada! Eso fue lo que extrañé hoy. Es decir, al entrar el complejo hay un cartel en francés e inglés que informa lo que no se debe ingresar, como cámara fotográfica, licor, armas, etc. Pero eso es todo. Este país confía en ti; cree en tu palabra.

Mientras estoy acá sentada sola, trato de asimilar que estoy en otro país, en un edificio tan grande. Veo publicidad digital, luces. De verdad que no puedo creer que esté aquí.

Otra fotico, bien borrosa por el afán. Fui la primera en llegar a mi fila de 9 puestos.

Todo está numerado, por ende, la gente entra calmada, porque sabe que hay una silla esperando por cada par de nalgas. Completamente distinto al “coge-culo” del Parque Simón Bolívar en Bogotá, independientemente de si vas a Platino, VIP o la otra que no recuerdo (porque nunca fui). Esto para mí es desarrollo, y me gusta.

Llegué al Centre Bell después de unos 50 minutos de travesía desde que salí de mi casa (qué digo, pieza) a coger el metro por primera vez sin compañía. Hoy fue un día de 2 “primeras veces”.

Los metros son fáciles; paran en todas las estaciones, a diferencia de Transmilenio. Me tocó hacer trasbordo pero todo está tan bien señalizado que no hay pierde. Debo confesar que le tengo miedo a los metros desde lo que me pasó en París; la historia está en 12 – Del Jet Lag en la Ciudad Luz.

Al bajarme me angustiaba el tener que preguntar en mi mal francés (¿franglish?) si hablan inglés para poder pedir indicaciones y así poder llegar a mi destino.  Para mi tranquilidad, insisto, todo estaba perfectamente señalizado y ni siquiera tenía que salir del metro para casi llegar al Centre Bell.

Caminé cerca de 7 minutos y ya me tocó salir a la calle. Ese edificio tiene muchas entradas y entonces salí a la entrada que no me correspondía; ahí sí me tocó preguntar, primero a un vigilante y luego a una pareja.

Llegué a la taquilla y la gente estaba de pie, esperando sin afanes. Abrieron las puertas y al aproximarme al primer filtro me pasó la segunda colombianada del día (al final explico la primera): como no tengo tarjeta de crédito y ese es el único medio por el cual podía adquirir la boleta, le pedí el favor a un amigo que me la comprara; él me mandó el PDF y pensé que con eso podría entrar. ¡Pues, no! Tenía que ir a Taquilla a que me dieran la boleta y resulta que viene impresa con el nombre de quien la compra. Casi no me la dan. La tipa que me atendió me dijo “no vuelvas a hacer esto, puede llegar el que pagó por su entrada y no puedo entregársela porque se la di a otra persona”. Sonreí y le dije “soy muy nueva por aquí”.

Son las 7 y 30 de la noche y el Centre Bell está lleno en un 40%. Heme aquí, esperando un espectáculo que me subirá el ánimo; un espectáculo que es lo más cercano que tendré en mi vida a un show de Michael Jackson.

Sola.

Mi vida sola.

La vida sola está llena de pequeños temores, pero con un enorme punto a tu favor: sabes que solo tú podrás decepcionarte.

A muchos nos une la música de MJ. Había jóvenes, adultos y viejos. Mañana escribiré sobre mi experiencia en el show.

Primera colombianada:
Hoy cogí bus sola de ida y regreso al supermercado. Cuando iba para mi casa/pensión, traía dos bolsas ecológicas y una maleta que pesaban considerablemente. Paré el bus y ahí fue cuando me gradué: pagué el pasaje de 3 dólares a punta de monedas 5, 10 y 25 centavos (muchas de 5 y de 10, solo 2 de 25). Había 6 personas detrás mío esperando entrar y, bueno, hubo risas en todo el bus, incluyendo la carcajada de la conductora en mi cara porque no sabía meter bien las berracas monedas.