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Parece que ya soy ciudadana… (Parte 1)

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Dos mandarinas me acompañan

 

…Pero nada que tengo el pasaporte azul.

Ustedes no saben la paridera que es volverse ciudadano de este país.

Yo, que trabajo en una oficina federal  asistiendo residentes canadienses en temas como inmigración e impuestos, la cagué llenando los formularios -typical Laura.

Por ahí en octubre empecé a juntar todos los papeles necesarios para la aplicación, llené formularios que te piden, entre otras cosas, tu dirección en los últimos cinco años, pagué más de 600 dólares canadienses (me dolió porque eran parte de mis ahorritos para mi viaje a Europa este año)  y obvio, le pedí a mis dos colegas que revisaran todo y me dijeron TODO BIEN. Envié el paquete y a la semana me lo devolvieron. Había olvidado completar una pregunta sencilla, sencillísima:

 

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¿Tiene usted residencia permanente en otro país?

 

Después de sentirme como una imbécil, vuelvo y mando el paquete y por ahí en enero me llega la invitación para el examen. La cita era el 6 de febrero de 2017.

No lo podía creer. Todo tan rápido. Ese día me di cuenta que esta vaina emociona. Tengo otros amigos que han recibido la ciudadanía y la gente los felicita y yo me preguntaba por qué los felicitaban… O sea, ¿qué culo hace uno aparte de quedarse acá cierto tiempo para recibir el pasaporte azul? -typical Laura.

Y cuando recibí la carta invitándome al examen entendí que sean cual sean las razones que te llevan a inmigrar, no es fácil.

No es fácil estar lejos de tu familia, de tus amigos, de tu comida.

No es fácil acostumbrarse a este clima, a hablar en otro idioma todo el tiempo, a integrarse a una sociedad y a un mercado laboral que no es que te quiera mucho que digamos.

No es fácil tener que ir a urgencias y esperar no sé cuántas horas para que te atiendan.

Tampoco es fácil llegar y que los otros colombianos te digan mil cosas distintas en cómo ser exitoso aquí y no saber si lo primero que debes hacer es estudiar o buscar trabajo para poder establecerte.

Mucho menos es fácil sufrir cuando se te baja la autoestima porque no consigues trabajo y porque a veces no te sabes comunicar bien en ningún idioma… O sea, hasta se me olvida hablar bien español …

Pero lo más grave: no es nada fácil querer ir a conciertos de Carlos Vives y  Fonseca cuando al estar en Colombia ni se me pasaba por la cabeza ir a esas vainas… Como diría Fernanda, “¿Dónde está mi hermana y qué han hecho con ella?

Ahora, no me malinterpreten. Yo AMO estar acá y hay muchas cosas buenas, pero ese no es tema de esta entrada, porque cuando te felicitan por recibir tu ciudadanía no es porque te has mamado cinco o seis años de cosas buenas. Es porque ha sido un proceso largo lleno de cosas que no son fáciles.

Quiero escribir más cosas sobre el proceso, sobre todo porque sé que tips sobre cómo llenar los formularios serían bien recibidos. Pero ahora debo irme, pues estoy trabajando.

***PS: Sí, pasé el examen… Tuve inconvenientes porque Inmigración Canadá quería que enviara un pasado judicial (porque estuve más de seis meses en Colombia desde que llegué aquí como residente permanente), pero no del Consulado de Colombia, sino de empresas privadas en Colombia que ellos recomiendan. Un peo grandísimo que luego explicaré. Long story short, mandé una carta pidiendo amablemente que me no me aplicaran esa regla pues no iba a poder enviar dicho pasado judicial. Eso fue hace como un mes y ayer mi colega hizo una llamada a Inmigración Canadá preguntando cómo iba mi proceso (también explicaré por qué mi colega puede llamar) y lo que me dijo fue: “Bueno, la carta la recibieron, pero eso no importa. Lo que importa es que en el sistema sale que la aplicación está aprobada. Hay una fecha para darle el último vistazo y pronto deberás recibir la carta invitándote a la ceremonia”.

Más por venir sobre:
Oficinas federales (Members of Parliament)
Tips para aplicar a la ciudadanía

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Estoy cachetona…

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Insomnio

Publicación: jueves 13 de enero de 2011 a las 2:49 a.m.

A lo largo de mis 28 años he sufrido de insomnio dos veces. La primera en la época escolar debido a inquietudes propias de muchos adolescentes, la segunda en la universidad por un amor… adolescente. El hecho es que, en mi caso, el insomnio siempre es producto de inconformidades, problemas, dolores, tristezas. El insomnio de los últimos días es distinto.

Los años pasan, y las cosas cambian o siguen iguales de acuerdo al ánimo que tengas al momento de analizar las cosas. Estas vacaciones han sido atípicas, pues, además de estar en Cartagena más tiempo de lo normal, he salido con mis amigas… en esas salidas aprendí que el turismo que llega a mi ciudad antes del 24 de diciembre es más “pupi” y que Cartagena este año no se llenó como los anteriores. Ah, bueno, también estoy aprendiendo a manejar una máquina de coser… tarea nada fácil.

Y bueno, me da insomnio. ¡En Cartagena! ¡De vacaciones!

Como mi primer episodio de insomnio fue escolar, quiero escribir sobre mi velada de hoy/ayer. Llegué hace una hora de verme con algunos de mis compañeros del colegio en que me gradué y, realmente, algunas cosas nunca cambian. Por más noventero u ochentero que suene, planearon la “reunión” del curso (ahora por BB) el día anterior y llegamos seis personas… de 27, y uno no se graduó con nosotros. Y las vainas siguen siendo las mismas. Empezando por la inasistencia, la ingratitud y, obvio, la impuntualidad. Claro, también persisten las buenas carcajadas.

Además de uno por ahí con “canta’o” distinto –ojo, “canta’o, no acento- porque lleva más de cuatro años al otro lado del océano, hablamos de las travesuras del uno y del otro, tenemos el mismo peinado (bueno, yo no), tenemos las mismas muletillas/frases desde hace 12 años, tartamudean los que siempre lo hicieron, aplauden las que siempre lo hicimos para celebrar un comentario, llevan la contraria los que solían hacerlo desde que tenían dientes de leche, y los que la sacaban del estadio con el “apunte”, no pierden esa buena costumbre.

Agradable. Tan agradable que no puedo dormir. Lo cierto es que a pesar que las cosas sigan iguales, fluyen, como el agua de un riachuelo, y ahora escuchan un poco más; hablan con una cadencia que hace 10 años ninguno podía tener.

De esas seis personas, creo que al menos dos sufrimos de insomnio, y en una muestra tan pequeña, el porcentaje es considerable.

A MM, DV, SM, LB y RF, gracias por una velada enriquecedora y graciosa.

RESUMEN 2010
No podía dejar pasar la primera entrada del 2011 sin hablar de lo que pasó el año pasado. Me interno en el 2011 (que es impar, pero al sumar sus dígitos da número par –y los pares no me gustan-) y no pensé mucho en los acontecimientos del 2010, como sí hice hace un par de años.

Sé que hubo dos conciertos que nunca olvidaré, Aerosmith y Greenday… este último me hizo saltar, cantar y bailar como nada y fui profundamente feliz. No hubo viajes, pero me leí unos libros que me hicieron conocer mundos y paisajes. En términos de noticias, recuerdo el terremoto de Haití y la sobre-exposición de los sucesos en los canales nacionales (claro, también tengo en mente la imagen de un periodista de ojos azules y pelo teñido de oscuro llorando; qué tenaz cubrir este tipo de tragedias); el problema en Chile y el despliegue mediático desde que quedaron enterrados, que aumentó cuando los empezaron a sacar; el terremoto en Chile, cuyas fotografías eran desgarradoras; la muerte del Mono Jojoy, de la cual me enteré por un mensaje que me envió por BB mi hermana mayor desde Caracas, y el escándalo Wikileaks.

También estuvo “el peor invierno de los últimos años”. Lo pongo entre comillas porque lo cierto es que, si bien el de 2010 fue el peor, el de 2009 fue más trágico que el del año anterior y así sucesivamente. El de este año, lo auguro desde hoy, contará con las peores sequías y lluvias hasta el momento. De nuevo, las vainas siguen siendo iguales.

Sé que hay más, pero nunca me he destacado por mi buena memoria. Pero para mí este año se resume en mi negocio. Comí, respiré y soñé DUPERRET como nunca había vivido nada en mi vida y experimenté emociones encontradas, dificultades y gratificaciones de una sola fuente. No es nada fácil.

En lo macro, puedo concluir que los eventos de este año demostraron (¿re-demostraron?) la capacidad del ser humano en joder al planeta. En lo micro, ser empleado es cómodo en términos de pagos, pero nada más gratificante que trabajar para tu propio negocio. Reitero, nada fácil… Algunas veces extraño la certeza de devengar un sueldo; otras, no tanto.

APUNTES
Los del salón no son los que impiden que yo duerma… pero aproveché la falta de sueño nocturno para escribir sobre ellos.

Uno puede decir ochentero, noventero. Pero, ¿cómo le decimos a las costumbres de la primera década del 2000? Si no tiene etiqueta, no pasa a la historia…

Lo que me tiene con este insomnio es la NOTICIA del año para mí. Pero de eso escribiré cuando tenga certezas, hechos… incluso fotos.

Les debo la foto de esta entrada… no creo que quieran ver la foto de seis cartageneros posando en la Plaza Santo Domingo como si fueran cachacos. No lo cojan personal, amigos cachacos.