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Eso de perderme…

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Cartagena es arbitraria. Me lleno de paz al solo verla… No sé a qué se le llama hogar; supongo que a ese sitio donde al llegar el corazón te late más fuerte, los labios te sonríen automáticamente, la mente se desentiende de todo y se tranquiliza. También donde sacas el cel por la ventana del carro para tomarle fotos a todo lo que viste diariamente durante más de 15 años. Pero sobre todas las cosas, donde está la gente que amas y extrañas.

 

A mí el fin de año me roba energía. No importa si estoy como empleada, o como microempresaria o estudiando. Simplemente tengo mucho por hacer y termino perdiéndome.

Estuve en Colombia en diciembre y fue como haberme tomado la lata más grande de RedBull que se pueda encontrar. Claro, lloré al despedirme de las mujeres que más amo (menos una, que se fue al colegio sin decirme ni púdrete; esa hermana menor mía es todo un personaje), pero llegué a Montreal llena de energía, con el corazón a mil, concentrada.

Descansé, me desintoxiqué (de malos pensamientos, de malos hábitos, de malas compañías) y me renové.

Estuve en Tayrona por primera vez y de verdad que es un paraíso. Fueron tres días llenos de conversaciones desentendidas con dos de los tres hombres de mi vida, bajo el sol y bajo el agua y fui feliz.

 

Olas, rocas, verde...

Olas, rocas, verde…

 

En Cartagena/Barranquilla no tuve tiempo de ver a tod@s los que quise ver. Creo que a tod@s los que viven afuera les pasa lo mismo: el tiempo simplemente no alcanza. Estuve mucho en casa. En la casa de mi mamá, porque no es mía. Hace mucho tiempo que siento que no tengo casa. Es decir, llego a donde vive mi mamá con mi hermanita y todas tienen su cuarto, su espacio. Yo soy turista y me siento ajena, pero me gusta.

Porque donde quiera que voy me llaman el extranjero.

Muy blanca para ser cartagenera.

Muy cartagenera para ser barranquillera.

Muy poco bailarina para ser latina.

Muy narizona para ser quebeca.

Fueron 20 días maravillosos pero al regresar me di cuenta de que mi familia está allá, mis raíces están allá, mi comida está allá. En conclusión, sí, mi hogar está allá; pero al llegar a Montreal, sin pensarlo, sin premeditarlo, yo solo sentí “I’m home”. Así que mi hogar está allá, pero mi “home” está acá. Y así no me siento culpable porque son dos palabras en dos idiomas distintos y listo.

 

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Vivo aquí, soy de allá. No quiero regresar. Pero siempre quiero moverme.

 

Llegué y no tuve tiempo ni de sentir nostalgia porque tenía una lista interminable de cosas por hacer. Y desde que llegué no he parado de estudiar. Y veo LinkedIn y veo a todos mis compañer@s de universidad y colegio de gerentes y tales. Y yo de estudiante de tiempo completo. Y yo no siento nada diferente a una alegría por ell@s… anhelando que estén haciendo lo que realmente quieren hacer.

¿Qué siento yo? Solo una sensación de libertad condicionada que me repito a mí misma que yo manejo a mi antojo. Porque a final de cuentas yo decidí estar aquí, haciendo lo que hago y viviendo lo que vivo.

A mí el fin de año y el principio de año me roban energía y me queman el cerebro. Pero lo que más me reprocho a mí misma es que al encontrar a alguien, me pierdo yo.

Ah, estoy durmiendo…

 

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Ay, sí, a todos los inmigrantes nos gusta el otoño

Hoy me levanto y DELICIA: estoy sola y en silencio. Amo a mi roomate, pero él es energía pura y de solo verlo me canso. Solo para que me entiendan un poco, el man goza, le fascina hacer aseo. Y mueve todo, y tira todo, a las 6 de la mañana, cuando yo estoy en mi tercer sueño (casi nunca llego al quinto). Ah, y llega borracho lunes, domingos… cualquier día, sin discriminación alguna, y me despierta para saludarme. Es un gran tipo, de un corazón inmenso, pero es demasiado para mí.

Además, si hay algo que yo odio es que me despierten. Es decir, miéntenme la madre, pero no me despierten. Obvio, que me mienten la madre no me hace feliz.

Entonces hoy salgo de la cama a las 9 am y no tengo leche. ¡Horror en la jungla! Eso es como Tarzán sin las pitas esas donde se colgaba para transportarse, porque yo desayuno o con Milo o con café con leche. Me quito las lagañas y salgo con botas verdes, pantalón de piyama turquesa con pelotas moradas y blancas, y chaqueta de medio invierno negra. Cara de loca total.

¡5 grados! El invierno que se viene es duro; el año pasado para esta época estaba entre 12 y 15. El cambio este año fue muy radical. Pasé de medias de malla y “chor”, a jean y hoodie y chaqueta de cuero.

Y eso me hizo pensar en el otoño y cómo me obsesiono con él. Desde que llegué (aterricé en Montreal el día en que oficialmente empieza el otoño) me di cuenta que esta era mi estación. No solo por sus colores, sino porque a mí no me lucen mucho los shorts y las camisillas de invierno: soy muy blanquita y flacidita para esta mostrando tanta piel. En cambio, en el otoño, puedes ponerte falda de todos los colores, con medias veladas de todos los colores, botas, chaquetas, bufandas, pero sin el peso de las chaquetas de invierno y la pereza de ponerse guantes, botas grandotas y sombrero para que no se me caigan las orejas.

No hablo de la primavera ni del invierno: la primavera dura 2 días y el invierno 6 meses… no hay manera en que algo tan corto o tan largo pueda gustarme.

A cada coterráneo (o nacidos de Panamá para abajo) que le pregunto sobre las estaciones, me dice que su estación favorita es el otoño. Pues, ¡claro! En Colombia no hay estaciones. O llueve o no llueve. Y en la Costa, o hace mucho calor, o hace demasiado calor. Eso es todo.

Aquí les dejo fotos.

Pero antes, les digo que estoy feliz con estar de segundos, ah, no, terceros (odio a Ecuador) en la tabla de las eliminatorias y si la vida así lo desea, las 4 Lauras nos vamos al Mundial y hay grandes posibilidades de ver a Colombia. Así los saquen en la primera ronda, no me importa: solo pienso estar de pie en un estadio brasileño, cantando el Himno a galillo herido, con mi voz sensual (léase irónicamente). ¡Por fin me compraré una camisa de la Selección!

El árbol que me hace compañía cuando fumo. Así se veía el 24 de septiembre.

El mismo árbol, hoy 17 de octubre.

La esquina de mi casa, el 29 de septiembre.

Con mucho sol y calvos, hoy, 17 de septiembre.

Sábado, 13 de octubre, a una cuadra de mi casa nueva. Me mudo este sábado y estoy feliz.

El lunes 15 de octubre, pisando las hojas a la entrada de mi casa.

Las sillas que mi roomate encontró en la basura… las pintaré de morado y me las llevo para mi nuevo mini apto. Instagram by SDK.

Mi cara de loca mañanera hoy, al salir a comprar la leche en la tienda de chinos.

Mi presencia en el otoño…

Mi amiga Susana, paisa, tomó esta foto ayer. Es uno de los edificios de McGill. Íbamos para clase. Divina. Con esto los dejo por hoy.