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Parece que ya soy ciudadana… (Parte 3)

*El examen para la ciudadanía canadiense es fácil. 15 preguntas. Saqué 14 de 15 -ayyyyy, qué bollona-. Realmente lo que hay que hacer es leer el manual que Inmigración Canadá (IRCC de ahora en adelante) indica. Pero mi inconveniente fue que duré más de seis meses en Colombia. He aquí la historia.

 

Discover Canada

Obvio, el manual es gratis y de ahí salen las pregunticas del citizenship test. Este pantallazo es de http://www.cic.gc.ca/english/resources/publications/discover/index.asp

Ese día en que hice el examen dormí poco pero me levanté bien. Aunque amo dormir (y flojear) me he dado cuenta que si en vez de dormir ocho y nueve horas diarias duermo seis me levanto mucho más lúcida -esto no quiere decir que esté durmiendo seis horas diarias…

El timeline fue algo así: El 7 de octubre de 2016 mando la aplicación; a la semana me lo devuelven porque olvidé responder una de las preguntas (una completa estupidez de la que hablé en la Parte 1 de esta travesía por conseguir la ciudadanía canadiense). Mando el paquete de nuevo unos días después y en menos de un mes me llega un email que dice:

“This is to acknowledge receipt of your application for Canadian Citizenship. Immigration, Refugees and Citizenship Canada (IRCC) will review your application and supporting documents and will contact you if additional information is required. When your application has been reviewed and has met basic eligibility, IRCC will invite you to a knowledge test, interview and/or ceremony, as applicable.”

En ese email te dicen clarititico que todo lo que debes saber lo encuentras en una guía/manual que está disponible online, en PDF, audio libro o en formato papel. ¿Un hit, no?

A principios de enero recibí la carta invitándome al examen y se me aguó el ojo y demás; de eso también en la Parte 1 (léala si no la ha leído, de verdad que es hasta divertida).

Mi examen fue el 6 de febrero. Era en Mississauga, que en transporte público es como a hora y media de mi casa, pero en esos días aún tenía novio (ya no tengo; me terminó hace unos días diciéndome, entre lágrimas, cosas como “te amo and shit, pero así llevemos solo cuatro meses saliendo yo sé que tú estás 90% segura de no tener hijos y la verdad ya tengo 37 años y no quiero perder el tiempo porque para mí tener hijos es lo más importante”)**. Ese man de verdad es de esa belleza de manes que te cocina, te lava los platos, no para bolas cuando quieres joder… y además te lleva a donde quieras… y bueno, me llevó hasta allá.

Me senté y me llamaron a la sala a la hora empunto. Para dejarte entrar un agente ve tu tarjeta de residente permanente y la carta de invitación al examen; luego te hace tomar asiento y explica que los familiares no pueden sentarse juntos.

Me pareció muy interesante ver que casi todos los de la oficina eran inmigrantes. Y eso no los hacía más amables. La que explicaba el examen dijo:

“No me llenen esta casilla. El que me llene esta casilla de una pierde el examen porque uno de los requisitos es hablar inglés y si usted llena esta casilla es porque, evidentemente, usted no habla inglés”.

Qué linda ella.

Nos dieron el librito, 15 preguntas… la cagué en la única pregunta que tenía opción de Ninguna de las anteriores. Quise poner Ninguna de las anteriores, pero me dio como cosita, entonces cogí otra opción. Error. Si te suena que es Ninguna de las anteriores, sigue tu corazonada porque en efecto es Ninguna de las anteriores.

Las preguntas son súper fáciles, tipo “diga si Canadá es una dictadura” o “si el Primer Ministro se llama Carlos López”. Todas opción múltiple. De verdad que con solo leer la guía van bien. Si quieren ser nerdos como yo, pueden además practicar en este link: citizenshipcounts.ca/quiz

Apenas terminas te mandan de nuevo a la sala de espera y luego van llamando en orden de quien termina el examen. Yo fui como la tercera. Eso es la famosa entrevista, que no es nada. La verdad solo te preguntan tres pendejadas para ver tu nivel de inglés o francés, pues debes demostrar que te defiendes en cualquiera de las dos lenguas oficiales de Canadá.

“Laura, has estado más de seis meses en Colombia” y yo “no”. “Sí, Laura, mira la calculadora de presencia en Canadá que tú misma hiciste”. “Ah, sí, estuve más de 180 días, pero no seguidos”. “Sí, Laura, lee bien, cumulativos. No importa que no hayan sido seguidos”. “Ahhhhhhhh”, dije como una imbécil. “Pon tus iniciales aquí para demostrar que entendiste lo que te dije”.

Me dieron una carta donde decían que debo proveer un certificado policial por haber estado en Colombia más de 180 días cumulativos. Pero no un certificado policial expedido por el Consulado de Colombia, que cuesta menos de 10 dólares y te lo dan en menos de una semana. No. IRCC pide un certificado policial expedido únicamente por dos empresas que ellos te indican en su página web. La carta me informaba que debía enviar por correo (a la oficina donde hice el examen) el bendito certificado junto con la carta que me estaban dando en ese momento. Me daban 30 días.

Empieza el peo.

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Aquí saliendo de la oficina de IRCC el día de examen… haciendo jetas para variar.

Correos con las empresas que salen en la página web van y vienen mientras les pregunto que cómo pago, que si me mandan el certificado, que cómo es la vaina. Long story short no se pudo: la orden que da la Embajada de Canadá a ambas empresas es que dichos certificados policiales deben ser enviados única y exclusivamente a la Embajada en Bogotá. O sea, el cliente, bajo ninguna circunstancia, debe tocar ese papel. Sí, no confían mucho en nosotros. No los juzgo; esa es la fama que tenemos.

Tocó contactar a IRCC. Como trabajo para un Miembro del Parlamento, sé lo que sus oficinas pueden hacer. Ese es mi trabajo: contactar oficinas federales cuando la persona no puede solucionar el problema o requieren más información -en otra entrada explicaré eso.

Le dije a mi colega que llamara a IRCC y contara todo el asunto, y el agente le dijo que yo mandara una carta explicando la situación y que preguntara cómo podía solucionar… pero ahí no terminó la cosa. El agente sugirió que como pasé apenas como tres o cinco días más de los 180, podía pedir que me perdonaran ese requisito del certificado judicial.

Dicho y hecho. Aún no recibo respuesta, pero como mencioné en otra entrada,  la carta la recibieron, pero eso no importa. Lo que importa es que en el sistema sale que la aplicación está aprobada. Hay una fecha para darle el último vistazo y pronto deberé recibir la carta invitándome a la ceremonia.

Llevo 15 días esperando.

**PS 1: Nunca he soñado con tener hijos. Nunca los he querido, pero al menos ya no siento animadversión hacia la idea de tenerlos. Sin embargo creo que, por más machista que suene esto (en términos de no tomar mi decisión independientemente, como mujer dueña de mi cuerpo y de mi vida), no he conocido al hombre al que yo le quiera parir una hija (sí, hija que se llamaría Violeta). A veces siento que el querer ser mamá se me podría desarrollar al lado de un man que yo sienta que es father material. Sin embargo me desvela más pensar que no encontraré a un compañero de vida que imaginarme que no encontraré al padre de mi hija (divorciado y con hijos sería un súper combo, ¿no?). Pero la verdad es que hace mucho nada me quita el sueño. Más sobre mimisma y la idea de ser mamá:
De abortos, embarazos y otras cosas de mujeres
Mi hija, la nieta de Germán Duperret, se llamará Violeta

***PS 2: Mi papá hoy cumple seis años de no estar conmigo… Miento, conmigo está. Cumple seis años de estar en otra dimensión, criticándome y gozándome a lo lejos. Te amo, papi.

 

Las otras dos entradas sobre el tema y la última, cuando por fin me hice canadiense:
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 1)
Parece que ya soy ciudadana… (Parte 2)
Born on the 18th, Canadian citizen on the 18th – Es en español

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De mi primera mamografía -y de cómo intentar volver a escribir

* Si no le gusta la palabra “tetas”, absténgase de seguir leyendo. Me rehúso a decir “senos”. Suena a “celos” o “ceros” y esas palabras me desagradan.
** Por favor, sea amable. Hace mucho tiempo no escribo y siento bien ajeno el “suín” para expresarme por escrito. Ni hablar de que siento que se me olvidó cómo usar los signos de puntuación. Apesto.
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Así me veo haciendo jetas cuando me van a hacer una mamografía.

Cuando el seguro de salud por fin empezó a funcionar (solo entra en vigencia en tu cuarto mes trabajando; o sea, no tienes beneficios si no pasas los tres primeros meses) comencé a ir a distintos chequeos médicos. Primero las gafas, luego el examen general y luego, el quiste de la teta derecha.

Ese quiste está ahí hace como siete años. De hecho en Bogotá me hicieron una biopsia que recuerdo muy claramente: Aguja de unos cuatro milímetros en la teta y aspirar. Listo. Sin siquiera un hielito para dormir el área. Agreste. Pero nunca me lo había revisado en Canadá porque la salud aquí, sí, es gratis, peeeeeeero…

En fin. Por ahí hace seis meses fui al hospital y me hicieron el ultrasonido (el de la teta y el intravaginal, pero el segundo la verdad no me inspiró tanto como para escribir). En la cita para que me den los resultados me pregunta la doctora si quiero una biopsia o si quiero más bien que cada seis meses me hagan ultrasonido para ver si crece.

“Lo más probable es que no crezca”, me dice, “porque si tienes eso ahí hace seis/siete años y no ha pasado nada”, o sea, ‘si no te has muerto’, “pues no creo que sea nada”.

Yo bien amable le digo que yo no soy la experta y que ella decida. Entonces quedamos en que cada seis meses toca ultrasonido para monitorear el quiste de la teta derecha.

Hace dos semanas fue el segundo ultrasonido y a los tres días -¡¡¡un lunes en la mañana!!- me llaman:

“No es nada, pero queremos estar seguros de que no sea nada. Te queremos hacer una mamografía y una biopsia”, y yo acordándome de la aguja bogotana aspirando el quiste, me empiezo a poner pálida, “que es una pequeña incisión”, ¿incisión?, ¡jueputa!, “y te sacamos muestra con una aguja”. Silencio. “Pero no es nada. Solo queremos estar seguros”.

No hace falta decir pero me supo cagar el lunes esa llamadita.

Eso fue el lunes pasado y hoy fue mi cita. Tenía que estar allá a las nueve de la mañana y Mari me acompañó porque por qué no. A final de cuentas todas estas cosas en las tetas lo ponen a uno nervioso. Bueno, al menos a mí… sobre todo ahora que ando más vieja.

Llego al hospital, me meten de una en la sala de espera. Yo era la más joven. Había lana para tejer. Es una muestra, me dije, de que en esta sala de espera normalmente están mujeres un poco más viejas que yo. No quise pensar en eso, más bien pensé en que sería chévere saber tejer…

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¡Y con dos agujas! Tejer debe ser muy relajante…

Primero, la mamografía. Mientras me pongo el delantal ese para que los rayos X no me dañen los órganos me dice la especialista que va a ser incómodo, pero que seguro todo está bien. Y yo ya con el ojo aguado de los nervios. Luego ya no hay más ojo aguado porque cuando el mastógrafo te espicha cada teta por separado dos veces (una vertical y otra diagonal) te duele tanto que te quedas sin respiración. Además, qué boleta estar sollozando en público.

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El humor ante todo.

Luego me mandan otra vez a la salita y chateo con Mari sobre el procedimiento y con Fer sobre playas en Grecia. No fueron ni 10 minutos cuando me llamaron para la biopsia.

A pelar las tetas de nuevo, desinfectante rosadito. La asistente bien amable me cuenta cómo va a ser todo el procedimiento:

“Primero te vamos a ‘congelar’ la teta y se te duerme. No debes sentir cuando se te tome la muestra. Se te toman tres muestras. Si sientes algo nos avisas”.

¿Me vas a congelar la teta? Yo aquí imaginándome que me pondrían hielito pero no, en inglés se dice “to freeze” cuando te ponen anestesia local tipo lidocaína (la que te inyectan en el dentista).

Respiro feliz.

Entra el doctor (la tercera persona manoseándome las tetas en menos de una hora y sin darme placer) y empieza a contarme de nuevo el procedimiento. Cuando termina de hablar yo decido cerrar mis ojos y no ver… Ojos que no ven, corazón que no se agita del susto.

“Así suena la pistola cuando toma la muestra”, PRAj, escucho. Sí, como una pistola de paint ball. Menos mal no abrí los ojos.

Me inyectan la lidocaína y no duele. Es una aguja bien delgadita. Me pregunta si me duele cuando me chuza con otra cosa y yo digo que sí, entonces me pone más. Listo, teta dormida. Me empieza a ver con el aparato del ultrasonido y PRAj. Es como si te metieran un puñito. No sientes sino una presión. Yo con los ojos cerrados pensando en las playas de Grecia.

De nuevo el ultrasonido y segundo PRAj. Yo sigo con mis ojos cerrados.

“El quiste es móvil; eso es buena señal”.

Whatever. Termina rápido. Esta gente si es amable.

Otra vez, ultrasonido y tercer PRAj. Abro mis ojos y veo la aguja que me acaban de meter y ya me iba a reincorporar cuando me pregunta dulcemente “¿Te molestaría si te tomamos una cuarta muestra?” y yo como que, ajá, ni que tuviera otra opción, “no, no problem”.

Cierro los ojos, ultrasonido, cuarto PRAj. Por fin se acabó esta vaina.

El doctor se despide y la asistente me limpia la teta y me quita el desinfectante rosadito, me veo el huequito y la sangre, no me da impresión, soy una vieja madura y fuerte. Me levanto y veo las muestras, parece la pus que te sale en forma de gusanito de los granos de la cara.

Me pongo el saco sin brasier y me voy con Mari a desayunar. Ella me invitó diciéndome muy maternalmente: “Tienes que comer, debes estar débil”. Tan bella ella, gracias, Mari. Desayuno delicioso pero el chocolate caliente más inmundo que he probado en mi vida.

Ahora estoy en la casa pensando en los resultados; me los dan el lunes. Y me repito: “Fresca, todo está bien. Es solo para estar seguros”.

***Dedicado a Tati Núñez y a Ariel Soto que, después de decirles cosas como “Siento que no tengo nada interesante que decir”, hace poco me invitaron a escribir con argumentos tan contundentes como “Seguro tienes cosas que contar. No puedo imaginar como vive una caribeña de sangre caliente como tu en el frío canadiense”, “Escribe de cualquier cosa… De la aburrición de la estabilidad”.