Etiquetado: música

Shakira, Ublime y las ganas naturales de burlarse del otro

 

“Shakira” en Google te arroja 199 millones de resultados.
“Shakira himno”, 818 mil.
“Shakira ublime”, 5 millones 980 mil.

¿Qué piensan de eso? Yo pienso que nos gusta burlarnos. ¿Qué tiene de malo? Eche, la pelá estaba nerviosa. ¿O se le olvidó el Himno? La verdad, yo me burlé y tuitié que “Puede cantar como chiva, burra o loba, pero no se le puede olvidar el Himno Nacional”. No me refiero a todo el Himno que, en efecto, como los que han salido a “defenderla” (lo pongo entre paréntesis porque les aseguro que ella le importa cinco que la defiendan; de hecho, debe estar cagada de la risa con todo el asunto), quizás unos 100 colombianos se saben en su totalidad. ¡Coño, pero es que es la estrofa que cantábamos, al menos, un par de veces al mes en el colegio!… o la que entonan cada vez que nuestros humanitarios presidentes hablan por televisión, o cuando mi hermosa Colombia juega fútbol.

A la mayoría de los humanos nos gusta burlarnos porque a todos nos gusta reír. ¿O es que acaso nunca te has burlado hasta de tu madre cuando dice “Concel”, “fotoscopia”, “Ifecs” y cosas por el estilo? Eso no quiere decir que se te olvidó que ella te crió, te cuidó cuando tenías fiebre, o que ella es el ser más bello en tu vida (o el segundo si ya tienes hijos).

Digo esto porque la gente… no, corrijo, los costeños, han salido a defenderla a la vez que atacan a los que nos burlamos y me atrevería a asegurar que, en su gran mayoría, se han burlado de otras personas, hasta de su propia madre. Sobre todo nosotros los costeños que si hay algo que nos caracteriza es que somos burlones, mamadores de gallo, montadores e intensos.

¡Y soy costeña! ¡Orgullosamente costeña, burlona y montadora!

Y así como no olvido que mi mamá es la única que me va a querer así sea puta, drogadicta, egoísta o ratera mientras me le río en su cara cuando dice “Wásinton” (ay, ma, yo sé que no dices así pero sería lo máximo corregirte), tampoco se me olvida que Shakira ha hecho mucho por los niños de Colombia, y su maravilloso discurso sobre la educación temprana para evitar la violencia, porque, de hecho, yo pienso exactamente lo mismo. Aunque pienso que comer es más importante porque quién carajos va a estudiar y a aprender con filo.

Aquí podría extenderme escribiendo sobre los verdaderos fines de muchas fundaciones, pero bueno, eso es harina de otro costal…

En fin, yo solo me hago unas preguntitas, como siempre, pues las cosas no son blancas ni negras, son grisesitas.

¿Quién ha dicho que burlarse del hecho que dijo “el surco de Dolores” o “la libertad de Ublime” le va a bajar la autoestima? Les aseguro que con lo barranquillera, talentosa y exitosa que es, más preocupada habrá estado cuando los paparazzis la pillaron saliendo de un curso de pole dancing.

¿Cuántos de los que la “defienden” no han terminado insultando a los que nos burlamos? Porque la mayoría no sabe defender sino ofendiendo al que piensa diferente.

¿Cuántos de los que la “defienden” son costeños? Joda, por lo menos en mi Twitter y en mi Timeline son como el 90%.

¿Cuántos de los que la “defienden”, que son costeños, hubieran reaccionado así de apasionados si el que la hubiera cagado fuese  cachaco? Por ejemplo, digamos que el autor de la “libertad de Ublime” es Andrés Cepeda. De “cachaco marica” no lo bajaban.  Bueno, ustedes saben cómo es el regionalismo.

¿Cuántos de los que la “defienden” no se burlaron hasta el cansancio cuando el man del tapabocas de CityTV no se lo puso bien? Ahhhh, ahí sí estuvo bien lo viral, cierto; ahí si no hubo problema de que nos burláramos como dos meses del asunto; ahí sí las cadenas no eran jartas… ¿Se acuerdan de doña Gloria?

¿Y tú qué piensas? ¿De verdad no te dio ni un poquito de risa la “libertad de Ublime”? ¿No crees que tanto los que nos burlamos como los que la defienden estamos exagerando? ¿No crees que las cosas habrían sido distintas en épocas donde no existía Internet?

Y oh júbilo inmortal, carajo, güepajé, ay ombeeeeeeeee…

Para que nos sigamos burlando:

 

 

Día 12 en Montreal

8:15 de la noche del 3 de octubre de 2011 es cuando empieza el show del Cirque du Soleil, “Michael Jackson The Inmortal”, para mí.

Empiezan a sonar fragmentos de varias canciones como “Remember the time” y “I’ll be there” (de los Jackson Five) mientras a mí se me paran todos los pelos; estaba erizada de pies a cabeza y tenía unas ganas de llorar inexplicables. No sé si de la emoción o de la tristeza de no poder compartir esta experiencia con nadie.

Las palabras se quedan cortas para describir lo que vi; es magnífico cómo estos artistas pasan de canciones suaves a otras más movidas, con lo que uno, a su vez, pasa de la nostalgia a la manía, de tener mirada tierna a moverse sin control. Mientras saltaban, bailaban, yo solo pensaba que esa gente parecía de caucho, sin articulaciones y que todos estaban conectados entre sí.

No saqué la cámara. Como les dije en la entrada de ayer, está prohibido. Sin embargo (y si no estoy mal era gringo), el man que tenía sentado a mi lado tuvo en la mano su iPhone durante toda la presentación y con cuidado, tapando la pantalla con un papel, grababa de vez en cuando algunos videítos. ¡Qué bueno confirmar que los colombianos no somos los únicos en romper las reglas!

En el Cirque du Soleil hay espacio para todos: hay personas de todas las nacionalidades y razas. Me impresionó ver a un niño sin una pierna. ¡Y cómo se movía con sus dos muletas! De verdad que pude notar que no extrañaba mucho su extremidad inferior.

A mí siempre me han gustado las acrobacias aéreas. De hecho, lo que recuerdo de una de las películas viejas de Batman es cuando Robin está haciendo piruetas en el aire en un circo. Me parece peligroso, atrevido… Es como tentar al destino, a la muerte. Un accidente puede ser fatal. El peligro nos coquetea y es lo que da emoción muchas veces. En fin, mientras veía a esas personas en los arneses flotando de un lado a otro, yo solo pensaba que la próxima vez pagaría 50 dólares más y me iría a la ubicación más costosa, con tal de ver a los acróbatas por encima de mi cabeza, no a lo lejos, como me tocó en mi pajarera.

Ahí estaba yo, en el Nivel Club (azul), sección 212 de la fila E. Lo que está iluminado son 9 sillas. Yo estaba en la silla 5.

“Blame it on the boogie” sonó con su Don’t blame it on sunshine, don’t blame it on moonlight, don’t blame it on good times, blame it on the boogie, que a muchos latinos nos recuerda a Luis Miguel y su “Será que no me amas”: No culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia, sera que no me amas.

El Centre Bell, donde vi el show, está muy bien construido y ves todo desde donde estés. Las pantallas son inmensas y pasaban imágenes de MJ en su niñez y juventud, con esos gestos fuertes en la cara que lo identifican, como cuando cantaba “Beat it” y “Bad”. Todas estas imágenes y los números iban intercalados con palabras que había dicho el Rey de Pop sobre la niñez, la tierra, la discriminación. Mezclaban a la perfección música y la suavidad de su voz cuando hablaba.

“Dangerous” llegó a mis oídos mientras una artista hacía una especie de “pole dancing”, es decir, trepada en un tubo hacía de todo, y vi la abierta de piernas más absurda de mi vida: las piernas cogían hacia arriba y hacían un V no tan cerrada. En el video que pongo al final la pueden ver.

Ah, el magnífico Thriller. Nada predecible. Fuerte, sentido, todos vestidos de blanco haciendo los bailes de esta canción. En el video también pueden ver parte de esto.

Durante el performance de “You’re not alone” (toda una danza en el aire en pro del amor), me quedé quieta, con la cabeza inclinada hacia un lado, y me llené de “un-no-sé-qué” cuando pasaron una estrofa y el coro en español.

Magia.
Luz.
Niñez.
Sensibilidad.
Alegría.

Este show toca fibras, esas fibras que crees que no tienes o que están dormidas. Es como si todo tu cuerpo estuviera hecho de cuerdas de arpa y las rasgaran todas al tiempo.

De nuevo, no puedo explicar con palabras lo que sentí cuando tocaron “Beat it” con dos mujeres en los instrumentos, una en una guitarra eléctrica y la otra en un violín eléctrico. Puro rock en sus ropas, en sus caras y en sus melodías. Este espectáculo era para todos los fans de MJ, desde los más “poperos” hasta los más rockeros; de hecho, a una silla de distancia, había un tipo con candado, extensiones en las orejas y todo tatuado. Por sus aplausos y gritos de porrista machorra (por lo grave de la voz), puedo concluir que le encantó el espectáculo.

Y cuando hicieron “Bad” hubo dos zapatos negros de charol gigantes, con sus medias blancas, donde estaban metidos dos artistas que hicieron bailar a los zapatos. No puedo describir esto, tienen que verlo.

Luego, cuando hicieron los números de “Scream” y “They don’t care about us” casi me salgo de la silla porque el sonido y la fuerza me obligaban a manifestarme. Muy poca gente se movía en sus sillas; al fin y al cabo son de Montreal, no son costeños.

Unas pantallas negras mostraron una de las citas más representativas de MJ:

In a world filled with anger, we must still dare to comfort. In a world filled with hate, we must still dare to hope. In a world filled with despair, we must still dare to dream. In a world filled with distrust, we must still dare to believe.”

Traducción libre: “En un mundo lleno de ira, debemos atrevernos a consolar. En un mundo lleno de odio, debemos atrevernos a no perder la esperanza. En un mundo lleno de desesperación, debemos atrevernos a soñar. En un mundo lleno de desconfianza, debemos atrevernos a creer”.

Con un aire electrónico trataron las presentaciones de “Can you feel it” y “Don’t stop ‘til you get enough”; toda una fiesta seguida de “Billie Jean”, “Black or White” y un cierre majestuoso con “Man in the mirror”, a las 10 y 15, tras dos horas exactas de felicidad musical.

A las 4 y 30 de la tarde, cuando termino de escribir esta entrada, recuerdo un pensamiento, un sueño reprimido, que tuve latente, ahí detrás de mi mente todo el tiempo que vi la presentación: yo quiero ser cirquera del Cirque du Soleil.


En otras noticias y siguiendo con #30cosasqueextraño:
Escribo esto con calor, con la ventana abierta y todo. Hoy extrañé un abanico (como decimos los costeños). Acá no muchas casas tienen ventiladores de techo y bueno, en mi caso, estoy recién llegada y no puedo estar comprando todo lo que se me antoja. Pero ya verán, cuando llegue el verano compraré mi abanico Sanyo.