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Adiós Gabriel García Márquez

No me leí 100 años de soledad.

No, corrijo: no me he leído 100 años de soledad.

Jamás le dije Gabo ni Gabito. Para mí era, es y será Gabriel García Márquez y me resistí un poco a leerlo en mi adolescencia cuando leía sin parar para evitar hablar con la gente en el bus, en el colegio, en la casa…

Hablando con mi profesora de ética y de filosofía del colegio, la famosa Ade, por allá en noveno o décimo, me supo meter a Gabriel García Márquez y logró que lo leyera. En esa época yo quería ser médica forense (creo que Ade no sabía eso) pero me dijo que este libro mencionaba a una muerta a la que le seguían creciendo las uñas y el pelo de manera descomunal; además, todo sucedía en Cartagena, la protagonista se llamaba Sierva María de Todos los Ángeles y estaba como poseída. Mejor dicho, me tramó la cosa.

 

Esta es para mí la mejor carátula que tuvo este libro. Muestra exactamente lo que uno siente al leer "Del amor y otros demonios"

Esta es para mí la mejor carátula que tuvo este libro. Muestra exactamente lo que uno siente al leer “Del amor y otros demonios”

 

Así las cosas le dije a mi mamá que me comprara “Del amor y otros demonios”, que no tendría más de tres años de haber salido al mercado. Era el azulito de letras amarillas. Me lo leí en dos días… tengo la mala costumbre de leer como hablo: rápido, mal… y luego se me olvida todo lo que leo y digo. Grave.

Me derretí ante su prosa y me dediqué a leer algunos de sus libros, uno detrás del otro, como suelo hacer con los autores que me gustan.

Doce cuentos peregrinos
La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada
Relato de un náufrago
Crónicas y reportajes
Noticia de un secuestro
El coronel no tiene quien le escriba
Crónica de una muerte anunciada
El amor en los tiempos del cólera

Me encantan sus cuentos. Si yo escribiera cuentos quisiera que tuvieran ese ritmo, ese color, esa magia.

La novela que más me gustó fue “El amor en los tiempos del cólera”, por ridícula, por graciosa, por perfecta. Si yo escribiera novelas, no quisiera que fueran así de bellas y articuladas.

“Noticia de un secuestro” fue muy dura de leer. Cuando narra el secuestro de Diana Turbay yo no podía evitar pensar en mi mamá… se me salían las lágrimas. Si yo escribiera reportajes sí quisiera que fueran así, crudos, de esos que hacen llorar a la gente.

No me duele que se haya muerto Gabriel García Márquez. Todos tenemos que morir algún día y murió un día lindo para los creyentes, un jueves santo. Aquí en Montreal estuvo el día soleado, amarillo, que era su color favorito. Además, escribió muchas cosas hermosas, inolvidables, exquisitas… es decir, a sus 87 años ya había hecho por la literatura y la cultura lo que iba a hacer en su vida. Es nuestro Nobel de Literatura. Los colombianos que vivimos en el extranjero deberíamos decir “sí, vengo de Colombia, donde nació Gabriel García Márquez y el Realismo Mágico” más que “ajá, sí, soy del país de Shakira”.

Ojo, nada personal contra ella, pero no sé, se me antojó decir eso.

 

Bueno, ¿y por qué no puedo decir que vengo del país de García Márquez Y de Shakira?  Foto tomada de http://colombiabeat.com/main/2011/04/06/shakira-visits-garcia-marquez/

Bueno, ¿y por qué no puedo decir que vengo del país de García Márquez Y de Shakira? Foto tomada de http://colombiabeat.com/main/2011/04/06/shakira-visits-garcia-marquez/

 

Sí puedo sentir un poco el dolor de su familia; no importa qué tan célebre ni qué tan completa sea la vida de un ser querido, uno simplemente quiere que sean eternos.

Hashtags en Twitter:
#GraciasGabo
#DescansaEnPazGabo
#AdiosGabo

Me gustó este tuit informativo de @AlejaMoralesC

 

alejamoralesc

Tomado del Twitter de Maleja https://twitter.com/AlejaMoralesC

 

Y este tuit de @AleMullerA que nos recordó una frase del escritor:

 

Tomado del Twitter de Ale Müller https://twitter.com/AleMullerA

Tomado del Twitter de Ale Müller https://twitter.com/AleMullerA

 

Finalizo diciendo que quiero leerme “100 años de soledad” en unas vacaciones de ensueño, en playas que no sean colombianas. Algo sencillo como las Islas Griegas… Perderme en el realismo mágico de Gabriel García Márquez y por fin conocer Macondo.

Gracias a Rocío porque ver su post Gabo me dio ganas de escribir.

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Me hubiera gustado que Camilo Jiménez me diera clase.

Foto de Camilo Jiménez en el perfil de su blog El ojo en la paja

 

Y no crean que esto significa que no admiro a varios (¿pocos?) de mis profesores de la Universidad del Norte, de la cual me gradué hace casi 7 años. Pero me hubiera gustado tener a una persona que fuera tan coherente al momento de darle título a su cátedra y el método utilizado:

“El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. A partir de clásicos nacionales y extranjeros, los estudiantes componían escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero, un resumen… Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen pertinente y económico, pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña”. (Tomado de la entrada ¿Por qué dejo mi cátedra en la universidad? del profesor de la Universidad Javeriana, Camilo Jiménez, en su blog , publicada hoy en Eltiempo.com; en el link del diario pueden leer los comentarios que los foristas han dejado).

En ese escrito, Jiménez cuenta por qué deja la cátedra: sus estudiantes no saben escribir un párrafo. Dice que no siempre fue así, sino que en los últimos 3 o 4 semestres la apatía es infinita, al igual que la mediocridad. Habla también de sus posibles debilidades, como no hacer uso de las nuevas tecnologías para enseñar, y preferir que sus alumnos lean “A sangre fría” en vez de ver la película Capote.

Me dolió leer su último párrafo porque yo, como escritora wannabe, amante de los idiomas, apasionada del libro en formato papel (sin satanizar al Kindle y sus semejantes) y, tal vez, profesora de literatura cobarde, deseo que los jóvenes sepan exponer sus ideas por escrito de forma coherente y con buena ortografía.

“Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis”, escribe Jiménez en su blog El ojo en la paja.

Sin duda alguna ahora se lee distinto, de hecho, estoy a más de 8.000 kilómetros de distancia de Bogotá y, gracias a un link de Oriana Torres (@oriana_babson13) en Facebook, leí la nota en el online de El Tiempo, luego le escribí a mi hermana (@_Ferunand) que fue alumna de Jiménez, quien me dio una grata descripción del profesor (pueden leerla al final), lo que me inspiró a escribir esta entrada en un frío cuarto de Montreal, entrada que terminarán leyendo, en su mayoría, colombianos.

El asunto va más allá del mundo digital, de sus ventajas y defectos. Quizás, la mayoría de los jóvenes no se esmeran por dar lo mejor de sí, por hacer las cosas bien, por buscar varias fuentes, por levantar el culo de su silla de rueditas (o de la cama, si tienen portátil) y ver más allá de la pantalla de un computador. No tienen curiosidad. Tienen flojera mental. No tienen grabado en la mente que “el trabajo hay que hacerlo, y hay que hacerlo bien; si no, mejor no lo hagas”.

Este fenómeno, creo (y hago énfasis en el “creer” porque no tengo certeza de nada en esta vida) que inicia con la mente, muchas veces en blanco, de los estudiantes, y se complementa con el desempeño de los docentes de colegio hasta los catedráticos de universidad. Es una responsabilidad compartida. Hay profesores que lo son “porque les tocó”, no porque tengan verdadera vocación de enseñar ni de ser parte de un proceso de crecimiento en los alumnos. De hecho, varias veces, les dije cosas similares y por eso tenía “mala fama” entre ellos. Y no es que yo fuera así de pedante porque “el mundo me hizo así”.

Estos profesores no exigen, no escuchan, no dialogan. Son los profesores que en mi época llenaban el tablero con resúmenes polvorientos en tiza, sin oportunidad de debatir ni discutir, o ponían cualquier canción o película para perder el tiempo y encubrir la nula preparación de su clase. En la actualidad, son los que dedican unos minutos en su casa a hacer una PPT llenas de colores y efectos baratos y las leen como robots, o publican las tareas en su Facebook. Todo esto me trae a la memoria 3 historias que les quiero contar; 2 muestran mediocridad, otra muestra verdadera vocación de profesor. Esas 3 historias las publico mañana.

Vuelvo al asunto del mundo digital, de leer/saber distinto. Hay docentes que se han “modernizado”, que utilizan las herramientas tecnológicas para hacer la clase “más amena”, que tienen a sus alumnos en Facebook y Twitter (MySpace pasó de moda en Colombia) y algunos, incluso, hasta en BBM. Yo no critico eso, de hecho, creo que si yo fuera profesora, sería así. El problema que veo es que los estudiantes de ahora, al parecer, no saben dividir su tiempo entre lo trascendental y lo superfluo. En el colegio yo montaba bicicleta, patinaba, salía con mis amigos, pero también leía y la mayoría de las veces hacía mis tareas. En la universidad me emborrachaba, me quedaba a dormir donde mis amigas y siempre hacía mis tareas.

En pleno 2010-2011-2012, ¿cómo hacen los jóvenes? No sé, ya voy a cumplir los 30 y la brecha es amplia. Pero siento que todo gira en torno a las redes sociales, a los followers y a los amigos, a Wikipedia (ni siquiera saben utilizar bases de datos que igual están en la red). No satanizo Internet ni la tecnología, simplemente creo que en un mundo cada vez más inmediato, donde las cosas se consiguen con la mitad del esfuerzo en la mitad del tiempo, el “meimportaunculismo” impera y se convierte en el rey de esta década.

Me importa un culo la nota del parcial.
Me importa un culo pasar la materia.
Me importa un culo si esta es mi tercera carrera… fallida.
Me importa un culo si llego tarde a clase y el profesor me deja por fuera.
Me importa un culo hacer todo a última hora… y hacerlo incompleto.
Ah, esto puede durar por horas…

Claro, no todos son así. El cáncer lo tiene cada quien por dentro. No es cuestión de culpar a terceros.

@_Ferunand, en un correo en el que le pregunto si Camilo Jiménez fue su profesor, responde (recuerden que es un correo escrito con rapidez de manos de una costeña; no le cambié nada):

Sí, te acuerdas que yo lo amaba? La gente lo critica. Yo me enteré de eso (de su renuncia) porque leí el blog y estoy completamente de acuerdo con él. Supongo que la gente quiere ser profesor para enseñar y que los alumnos aprendan, pero es que en serio la gente de comunicación (refiriéndose a la carrera en la Javeriana) es triste. Mi grupo fue la verga, a la gente le fue muy bien, yo saqué 4,7 en la final y hasta me regaló la revista 100 de El Malpensante. Él estaba feliz, pasaba riéndose todo el día con nosotros.

Los estudiantes cada vez están más mediocres y son más brutos.

Yo lo entiendo. Otro súper profesor mío, Richard Tamayo, también renunció a pregrado porque estaba mamado de que nosotros, los estudiantes de editorial, no hiciéramos NADA, al graduarnos, con lo que él nos enseñaba. Que se había cansado de dar todo de sí para que uno fuera mediocre y no querer hacer nada para salir de la comfort zone.

La gente que le gusta ser profesor supongo que quiere ver algo en sus estudiantes, no? Se frustran, entonces para qué seguir enseñando?.

Yo lo amo y no lo critico.

La gente dice “ay, si me hubiera fijado en los profesores mediocres, hubiera renunciado a estudiar hace rato”. Una güevonada, no? Uno desafortunadamente tiene que mamarse a los profesores mediocres, pero casi siempre son pocos. Pero un profesor está haciendo eso porque le gusta, es SU TRABAJO y así como mucha gente renuncia porque estaba mamado porque no le gustaba o por el jefe o por el ambiente, bla bla, es igual de respetable que él renuncie porque a sus estudiantes les vale mondá lo que él tiene por enseñarles, porque están metidos en otra onda, porque son imbéciles y no tienen ni idea de nada. Se creen la verga siendo imbéciles, no sé en que consiste eso. A él le debe doler eso, que a ellos NO les interesa lo que él les habla cada vez que se para al frente del tablero, y por eso es que son mediocres, no dan de sí porque no les importa!

Eso es lo que creo que la gente no entiende cuando lo critican.

Además, no fueron solo 5 los que no pudieron con el dichoso párrafo, fue TODO el salón y solo 4 pudieron hacer algo de provecho. Eso no frustra? Claro que frustra y más cuando a un profesor le gusta lo que hace, como a él. A él SI le importa.