Etiquetado: política

De la imbecilidad de no votar y quejarse -y otras nimiedades

Podría escribir de lo irresponsable e imbécil que soy por no haber votado.

Podría escribir de ese nivel de abstencionismo en 65% que demuestra claramente (no CLARAmente) dos cosas: que a los colombianos el país no nos importa ni cinco y que esas votaciones casi que son ilegítimas.

Podría escribir de cómo me sentí cuando me dijeron hace unos pocos minutos que no entendían qué era lo malo que había hecho Óscar Iván Zuluaga, que eso era más que todo “escándalo”… yo por dentro solo pensé, bueno, si no es malo, ¿por qué lo negó con ese descaro tan vergonzoso?

Podría escribir de mi incredulidad acerca del hecho de que Uribe Vélez quede de nuevo presidente (todos sabemos que no es Zuluaga el que va a gobernar y me rehúso a usar P mayúscula) a pesar de que:
era el director de la Aeronáutica Civil cuando Escobar Gaviria sacaba sus cargamentos,
está en mira de la Corte Penal Internacional por sus crímenes contra la humanidad,
y toda Colombia sabe de las Convivir.

Los imbéciles no tenemos derecho a quejarnos (pero lo hacemos, al menos eso muestra mi FB), por eso hoy quiero escribir de otra cosa.

 

Sí, estas tres cosas y la pita con jamón, queso, vegetales y salsa de ajo que me acabo de comer, me hacen feliz.

Sí, estas tres cosas y la pita con jamón, queso, vegetales y salsa de ajo que me acabo de comer, me hacen feliz.

 

Quiero escribir de cómo cosas simples me hacen feliz, como Dante, recibir la camiseta de mi Selección (gracias mamilinda por regalármela y Su por traérmela desde Colombia hasta Montreal) y leer a Ruiz Zafón y encontrarme con frases tan perfectas como las siguientes:

“Debíamos aprender todavía que el Diablo creó la juventud para que cometiésemos nuestros errores y que Dios instauró la madurez y la vejez para que pudiéramos pagar por ellos”.

“Hubo un tiempo en que yo también fui joven y en el que hice todo aquello que se espera que hagan los jóvenes: casarse, tener hijos, contraer deudas, decepcionarse y renunciar a los sueños y principios que uno siempre juró respetar. Envejecer, en una palabra”.

“La mayoría de las tradiciones no son más que las enfermedades de una sociedad”.

Ayer empecé a leerme “El Palacio de la Medianoche” de Carlos Ruiz Zafón. Ya voy por más de la mitad. Sí, no lo leo, me lo devoro. Hace parte de la Trilogía de la Niebla; tres novelas “juveniles”, según declara el español en “una nota del autor”, un prólogo muy sincero en el que dice:

“A decir verdad, nunca he sabido muy bien qué significa eso de <<novela juvenil>>. Lo único que sé es que cuando las escribí yo era bastante más jóven de lo que soy ahora y que mi idea al publicarlas era que, si había hecho mi trabajo correctamente, debían interesar a lectores jóvenes de edades comprendidas entre los nueve y los noventa años”.

Me pregunto si Ruiz Zafón es un ciudadano que ejerce su deber al voto.

Mi pregunto si esa duda no es igual de insulsa a aquel reclamo que se hicieron varios colombianos sobre por qué García Márquez no hizo “algo” por Aracataca, como alcantarillados o colegios.

Esta es la entrada al blog más parecida a lo que hay en mi cabeza. Pido disculpas por el desorden de ideas.

Para unos el opio es la religión, para otros las telenovelas, para otros el fútbol, para otros la literatura, para otros el cine, para otros el alcohol…

País de mierda.

 

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Escándalo del US Secret Service y “un verdadero problema”

Yo amo mi ciudad. Siempre he dicho que soy cartagenera nacida en Barranquilla. Pero eso no implica que cierre los ojos y quiera tapar el sol con un dedo, u ocultar el problema de turismo sexual que está convirtiendo a Cartagena en la nueva Habana.

No. Yo amo a mi ciudad pero no me puedo poner con pendejadas, como -con todo respeto- hizo el alcalde Campo Elías, en responder con “por qué no tiene en cuenta que el presidente Obama duró dos noches en la ciudad y eso se puede interpretar como la confianza que se tiene en Cartagena como ciudad segura”, a los comentarios bien ásperos que hizo ese mamarracho llamado Pachito, acerca de que en todos los taxis de la ciudad se ofrecen prostitutas a los turistas. Pueden ver la noticia completa en El Universal.

Pero más allá de estas peleas, de nuevo quedamos mal ante el mundo.

"More bang for your buck" es un famoso dicho que, en mis malas traducciones, es algo como "más por menos", refiriéndose a que puedes comprar más con menos dinero.

Esta es la nueva publicidad de Spirit Airlines. Están vendiendo vuelos a “Cartagena y otros destinos” por menos de 20 dólares el trayecto y la invitación con las mujeres semidesnudas es más que explícita. Es vulgar.

Además, escriben en sugestivas letras rojas “Upfront payment is required”, burlándose del asunto con las prostitutas involucradas en el escándalo del Servicio Secreto, donde uno de los agentes había acordado pagar 800 dólares y terminó dándole solo 30.

Me parece que esto sí amerita decisiones drásticas, que ahí sí debe hablar el canciller, el presidente, el embajador… quién sea. Pero no, porque como va a entrar en vigencia el TLC, les da culillo que USA lo eche para atrás porque nos pusimos “agresivos” al defender nuestra tierra.  Pura sumisión.

Entonces que Spirit no funcione en Colombia. Así como Cristina Kirchner, presidenta de Argentina, expropió a la española YPF en un claro ejemplo de populismo (dicen que no estaba muy contenta con que en la Cumbre de las Américas no se hablara de las Malvinas y tomó la expropiación de la compañía europea como la oportunidad de mantenerse popular), pues que el gobierno colombiano tome cartas en el asunto. Está bien, no soy exagerada; que no cierren Spirit, pero que hagan algo para que quiten la palabra “Cartagena” de esa publicidad.

Son bien aprovechados.

Esto sí me parece grave… Aquí pueden ver la noticia en inglés.