Etiquetado: sueños

Colombia en Rusia 2018

*Resumen de un día que comenzó mal, pero que terminó con la selección clasificada y con una carta de Inmigración Canadá.

A mí el mundial de fútbol me hace feliz. Me lo veo así Colombia no vaya. Pero claro, más me encanta ver a mi selección jugar, y sufro y gozo los partidos de la eliminatoria con la misma intensidad, fecha uno, cuatro, dieciocho.

Viendo Colombia-Japón en Montreal con estas bellezuras. Katy y Lirz, las extraño.

Ver jugar a la selección Colombia, así sea en el link más mediohuevo de 300 kbps de rojadirecta.me, me hace sentir llena de alegría, de emoción, así como me sentía en la niñez cuando veía partidos con mi papá y sus amigos en la casa de estos últimos, mientras gritaban muchas groserías (las mismas que digo yo ahora) y tomaban whisky esperando con ansias ir al Mundial de USA 94.

Ver los partidos por internet, así sea entrecortado (gago, a lo James), me transporta también a aquellas madrugadas con la nena (mi hermanita que ya tiene 29 años) para ver todos los partidos cuando ella aún le daba a Brasil (ya por fin dejó el idilio), no solo los de Colombia… obvio, si no, no hubiéramos visto ni la mitad del mundial.

Hoy me levanté a las 3:45 de la mañana para tomar un vuelo a Toronto; estaba visitando al amor gringo. A nadie le importa, pero quiero hacer énfasis en que hoy el día comenzó negativo, pues odio madrugar. Había dejado a Dante (mi hijo peludo gatuno) con dispensadores de comida y agua, solo por primera vez, desde el jueves pasado y la verdad estuve un poco inquieta lamentando no haberle comprado un monitor o haber dejado el portátil con la sesión de Skype o algo. En vez de irme directo al trabajo me vine a la casa a echarle un ojito al niño. Ahí estaba, campante, como si la madre simplemente hubiera dormido un día por fuera. Gatos.

Llegué a la oficina y me encuentro con la joya que mi jefe ha contratado a otra persona para el cargo de mi colega. Pero mi colega aún no ha conseguido trabajo. De hecho, él no había renunciado oficialmente. Esto es complicado de contar, pero “long story short”, el domingo mi colega le dijo a mi jefe que la novia se iba para Ottawa, la capital, y que, por ende, él también se iba. Eso le contó para ser leal y honesto, y claro, para asegurar una buena referencia (que se merece una y mil veces) en su proceso de buscar nuevo empleo. Mi jefe llegó hoy y nos reunió en la oficina y nos informó que había contratado a alguien más para el cargo de mi colega, y que todo era una coincidencia maravillosa, y que él estaba más que seguro que mi colega conseguiría trabajo pronto… y que la nueva llega en dos semanas. Los ojos se me pusieron como platos pero ajá, hay que guardar la compostura. Mi colega es mi amigo y le dije “llave, cálmate, a final de cuentas tú te ibas ‘no matter what’ porque tu novia consiguió trabajo en Ottawa. Tú has hecho lo que tenías que hacer y ya no tienes nada bajo control. Ya solo te queda esperar los resultados del par de entrevistas que has hecho y bueno, seguir moviendo el culo en caso que estas dos opciones no salgan”.

Si uno siguiera sus propios consejos… no necesitaría pastillas para dormir.

El bono que había mencionado en la entrada que escribí cuando llegué de vacaciones nunca llegó, porque los bonos solo se pueden solicitar de enero a marzo, entonces en medio de toda esta coyuntura mi jefe me dijo que me subía el sueldo un tantico. Bueno, algo es algo.

Pasa el día, más ocupada que el putas porque además de mis funciones diarias, ando organizando una recepción con varios políticos para celebrar el mes de la Hispanidad que tendrá lugar este jueves. Salgo y me voy a hacer mercado porque la nevera era un acuario y mientras ando en esas la que me alquila mi apartamento me dice “hey, tienes cule poco de correo, recoge eso”. “Cómo no”.

Y ahí estaba.

Ese lindo sobre de Inmigración Canadá.

Dejé el mercado tirado y abrí esa vaina y bueno, ni llorar pude porque me hizo falta el dramatismo de un testigo. Y bueno, Dante no cuenta para esas cosas. Si Marisol hubiera estado aquí hubiera llorado y gritado.

Jamás había leído estas palabras con tanta emoción: “Notice to appear – To take the oath of citizenship”

No importa.

Lloré y grité con el gol de James, que por cierto, debió ser de Falcao.

Gracias, Falcao.

Terminé de llorar y gritar cuando vi a la gente del equipo técnico salir corriendo a la cancha con el pitazo final,  y uno se fue directo a abrazar a Ospina, que se merecía ese gesto después de que me lo acabaron por su error el jueves pasado contra Paraguay. Ya, me calmé enseguida, (deja el show que no hay testigos) y luego solo gocé mientras saltaban.

Viendo partidos versión pixel.

Y tuve mucha envidia de todos aquellos que estuvieron en el Estadio Nacional de Perú hoy.

Hoy fue un buen día.

Otras entradas sobre fútbol:
De la imbecilidad de no votar y quejarse -y otras nimiedades
Señoras y señores, después de 16 años, vamos al Mundial

*PS1: Fui al Museo de Arte de Baltimore el viernes pasado. Toda una maravilla. Tienen obras de Miró, Picasso, Renoir… Voy a escribir sobre eso porque de verdad que uno no debe juzgar las cosas sin saber. Jamás pensé que esa “ciudad-cita” tuviera semejante Museo… ¡y gratis!

 

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Ibiza-Barcelona-Atenas – Vacaciones 2017 Parte III

*TERCERA ENTREGA DE LAS HISTORIAS DURANTE MI VIAJE A ESPAÑA Y GRECIA EN AGOSTO DE 2017.
Mythos, greek beer

Después de estar en España seis días, me esperaban playas turquesas, brisas marinas, y cerveza, mucha cerveza.

Casi que no. Van dos semanas desde la última vez que escribí. La asistente ejecutiva de mi jefe renunció porque le salió EL trabajo, y entonces decidieron, de chévere, zamparme las finanzas de la oficina y otras cosillas mientras llega su reemplazo. A mi colega le dieron otras de sus funciones, también, mientras llega su reemplazo. Lo cierto es que van tres semanas desde que ella se fue, nos han dado palmaditas en la espalda de que todo va bien, y no vemos ni que estén entrevistando ni que nos vayan a subir el sueldo. Lo que sí hemos visto son las consecuencias del “interim”: más horas en la oficina.

Tenía que darles una excusa de por qué me tomó dos semanas volver a escribir.

Ahora sí, me enfoco: el día 7 de mi viaje fue una carrera contra reloj. Viajamos Ibiza-Barcelona-Atenas. Había que desempacar, lavar y empacar para 10 días en Grecia. Además, ese día dejamos de ser cuatro para ser solo tres, pues mi hermanita menor, la chiqui, regresaba a Pamplona. Después de dejarla en la estación de tren nos fuimos a comer helado a Amorino del centro comercial Arenas y descubrí que solo me gustan los macaroons de mango que venden allí. De resto, fo.

En el CC Arenas nos sentamos en el mirador y tomé un par de fotos; las publiqué en Instagram en blanco y negro y Fernanda, mi hermana de la mitad que viajó conmigo, me regañó, entonces aquí publico una a color donde se ve la Plaza España, Montjuic y el Mnac (Museo Nacional de Arte de Cataluña).

He de decir que el transporte público de Barcelona me pareció muy amigable; lo único que no me gusta es que las sillas están puestas de tal manera que no le ves la nuca al de adelante, sino la cara. O sea, si viajan cuatro amigos, genial. ¡Si no, eh, no gustar!

El metro de Barcelona y el contraste de las piernas Duperret Gómez. Falta la canela de la chiqui.

Ese día descubrí que el McDonalds del aeropuerto de Barcelona vende cerveza. Me hizo feliz. Me ayudó a relajarme para el viaje de cinco horitas hasta Atenas, donde aterrizaríamos a las cinco de la mañana sin saber a dónde coger. A mí, “bien independiente”, se me dio por decirle a mi amor gringo mientras él estaba trabajando en México y él todo bello me consiguió un Uber… claro, hasta el sol de hoy me lo sigue echando en cara. Pero bueno, la historia de cómo llegamos a Atenas a las cinco de la mañana y de cómo no había nadie en el hotel para abrirnos la puerta es cuento para la próxima entrada.

Para no perder la costumbre, aquí les dejo otras entradas que cuentan la misma vaina. Lo siento, pero aún estoy corroncha y quiero expresarme. Gracias.

Welcome back! Regresando al trabajo después de tres semanas de vacaciones
Barcelona, la Cartagena de mis sueños – Vacaciones 2017 Parte I
Ibiza, la isla de las glorietas – Vacaciones 2017 Parte II